martes, 13 de noviembre de 2012
BIOGRAFÍA DE 50 FISCALES GENERALES, POR MANUEL DOLZ
Entre las cosas buenas que tiene mi Fiscalía están los compañeros que tengo. Voy para siete años aquí y jamás he tenido un roce, un conflicto, una discusión por trabajo, despacho o vacaciones. Las características de esta Fiscalía propician un buen ambiente, que en general todos procuramos alimentar. Estoy rodeado, además, de algunos de ellos que se esfuerzan y trabajan en beneficio de la Fiscalía como institución. Uno de ellos es Manolo Dolz, que va a leer esto que digo porque sigue este blog con habitualidad. Acaba de escribir un libro más -de los varios que ha firmado- que trata de las biografías de diferentes fiscales generales, desde 1883 hasta la la actualidad. Quien lo lea encontrará a un Salvador Viada (y Vilaseca), que fue Fiscal del Tribunal Supremo, el equivalente al cargo de FGE actual en el siglo pasado, además de un penalista muy notable. Crecí creyendo que era mi tatarabuelo, pero para la elaboración del libro le llevé a Manolo un enorme árbol genealógico de mi familia elaborado por un hermano de mi padre, y resulta que no, que en realidad mi ascendiente no lo era directo: era el hermano de mi tatarabuelo (se me cayó el mito). Bueno, el caso es que el libro se encuentra en Amazón, en formato electrónico, a un precio bajo. Los beneficios no los va a embolsar el autor, sino que van a ir íntegramente a una fundación para la protección de menores en Valencia con la que colabora Manolo.
lunes, 12 de noviembre de 2012
PERO ¿QUIEN ES EL MEJOR?
Mi amiga Pilar plantea la cuestión de quien es el mejor en los concursos. Yo creo que no puede saberse, desde parámetros mínimamente objetivos, quien es el mejor en cualquier concurso de méritos en la Fiscalía. No puede saberse porque el sistema está organizado para que no pueda saberse. Esto así, les permite a algunos la arbitrariedad sin réplica: luego si un día por alguna razón te benefician, se vuelven hacia ti y te interpelan y te dicen que porqué no protestas entonces como si eso lavara lo anterior en lugar de aumentar el despropósito . No se conocen aquí los currículums de los aspirantes, ni sus méritos específicos para el puesto en cuestión, ni sus programas de actuación cuando se piden, no hay baremos, ni se puede tener acceso a las actas del Consejo Fiscal para verificar la rectitud en el veredicto. Nada de nada. Claro, con este sistema es muy fácil acertar, porque no hay manera de comprobar el error. Este sistema lleva así un montón de años porque quienes deberían cambiarlo no quieren al ser sus beneficiarios directos. He participado en un concurso en el que no puedo decir que yo fuera "el mejor"; sencillamente, no lo se porque se muy poco de los méritos específicos y del programa de los demás candidatos. Pero si se que quienes votan no lo hacen guiados por el propósito de acertar en la elección de quien pueda cubrir mejor el puesto por su experiencia, por su proyecto, por su motivación o por sus ganas. Los que deciden lo hacen básicamente por la afinidad asociativa, y ello es mucho más acentuado cuando se trata de puestos claves en la funcionalidad de la Fiscalía. Las Fiscalías grandes de España tienen jefes de la AF o de la UPF, sin excepciones que recuerde (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Alicante, La Coruña, Málaga...). ¿Es que no hay nadie entre el casi 70 por ciento de la Carrera no asociado a esas asociaciones con méritos para esos puestos?. A mi -y estoy seguro que a una gran cantidad de compañeros- no me irrita perder (en la vida se pierde muchas más veces de las que se gana), aunque no me guste; lo que me irrita son las trampas. He jugado cientos de torneos de tenis en mi vida, y he ganado unos poquitos. Casi siempre he palmado. Estoy forjado en la derrota (recuerdo que mi equipo de fútbol es el Espanyol) y la acepto deportivamente. Pero trampas, no. Cuando el árbitro es parte ya no es una competición, entonces es un chanchullo.
Quiero comentar aquí la responsabilidad del FGE en esta situación. En nuestra carrera los nombramientos son decisión del FGE, de manera que el Consejo no es más que un órgano consultivo. Recuerdo que el anterior FGE comentó una vez en mi presencia y en la de muchos otros compañeros, lo "sencillo y eficaz que era el sistema de nombramiento en la Fiscalía"; claro, los decidía él. En mi opinión el actual FGE tiene una posición difícil si quiere liberarse de toda responsabilidad de los abusos cuando se producen. Quien hace un año era el líder de la AF ahora -por designación del Gobierno- es el jefe de todos los fiscales. Un vocal de la AF ocupa el puesto que él dejó en la silla del Consejo. La AF tiene mayoría en el Consejo gracias a su propia aportación -entre otras cosas-, y su nombramiento como FGE provocó euforia en la AF. Vaya por delante que a mi me preocupa menos lo que haga el FGE que lo que haga el Consejo Fiscal: nosotros -los fiscales- no elegimos al FGE que no deja de ser un cargo político. Pero si el FGE se limita a aprobar simplemente lo que el CF está haciendo, aceptando los 1-1-1, o los nombramientos claves en beneficio de las asociaciones, o buscando equilibrios políticos en lugar de fijarse en cada caso en quien es el más valioso para cada puesto, no podrá sustraerse -en mi opinión- de la responsabilidad de lo que ocurre. No se puede ser árbitro entre quien da latigazos y quien los recibe. No se puede ser árbitro entre quien abusa y quien es abusado. El único árbitro es el que evita los latigazos y los abusos. Hoy la mayoría en el Consejo la tiene la AF, la asociación que Eduardo ha liderado con algún intervalo desde hace dos décadas. Su situación es diferente de la del FGE anterior, porque el anterior asumía personalmente la responsabilidad de los nombramientos que en muchos casos fueron en minoría en el Consejo. El anterior FGE, que hizo cosas que yo -desde JI- critiqué con energía (por ejemplo, la preterición de Eduardo Torres Dulce como Fiscal Jefe del TC), sin embargo asumía una responsabilidad personal en lo que ocurría en el Consejo. La misma responsabilidad tiene ahora el FGE actual, aunque se haga menos ruído. El FGE puede hacer lo que quiera, pero la única forma que yo veo de distanciarse de una situación de abusos en el Consejo, cada vez que se producen, es la de forzar un cambio de sistema. Aceptar que los adversarios de la AF no son los adversarios del FGE y que quien no está en la AF también le tiene a él como FGE. No basta con decir: "yo respeto al Consejo Fiscal y sigo sus propuestas", porque estas propuestas dependen de quienes ha dirigido hasta hace un año. El FGE ya no es -como hace un año- una parte más, un vocal más en el Consejo, sino quien decide. Si no lo hace así, si no se distancia de ese modo de proceder no podrá afirmar durante mucho más tiempo que es el Fiscal General de todos. Ya se que no es fácil; pero ni siquiera el encanto personal del FGE en mi opinión puede obviar esa realidad. Un cambio de sistema que forzara a la Inspección a baremar méritos; que diera publicidad a los programas; que permitiera a los fiscales en cuya Fiscalía se va a elegir a un Jefe dar su opinión; en el que se generalizase la comparecencia que ordenó hacer en Barcelona (y que algunos ningunearon al traer el voto decidido desde casa); y en el que se motivara la decisión tomada por el Consejo. Luego él, el FGE, que decida lo que considere oportuno. Esas garantías han de establecerse en beneficio de los fiscales y deben perdurar más allá de su mandato. Si no lo hace así, la responsabilidad de lo que hacen los vocales -sobre todo los de la AF- se va a acabar extendiendo al propio FGE.
Quiero comentar aquí la responsabilidad del FGE en esta situación. En nuestra carrera los nombramientos son decisión del FGE, de manera que el Consejo no es más que un órgano consultivo. Recuerdo que el anterior FGE comentó una vez en mi presencia y en la de muchos otros compañeros, lo "sencillo y eficaz que era el sistema de nombramiento en la Fiscalía"; claro, los decidía él. En mi opinión el actual FGE tiene una posición difícil si quiere liberarse de toda responsabilidad de los abusos cuando se producen. Quien hace un año era el líder de la AF ahora -por designación del Gobierno- es el jefe de todos los fiscales. Un vocal de la AF ocupa el puesto que él dejó en la silla del Consejo. La AF tiene mayoría en el Consejo gracias a su propia aportación -entre otras cosas-, y su nombramiento como FGE provocó euforia en la AF. Vaya por delante que a mi me preocupa menos lo que haga el FGE que lo que haga el Consejo Fiscal: nosotros -los fiscales- no elegimos al FGE que no deja de ser un cargo político. Pero si el FGE se limita a aprobar simplemente lo que el CF está haciendo, aceptando los 1-1-1, o los nombramientos claves en beneficio de las asociaciones, o buscando equilibrios políticos en lugar de fijarse en cada caso en quien es el más valioso para cada puesto, no podrá sustraerse -en mi opinión- de la responsabilidad de lo que ocurre. No se puede ser árbitro entre quien da latigazos y quien los recibe. No se puede ser árbitro entre quien abusa y quien es abusado. El único árbitro es el que evita los latigazos y los abusos. Hoy la mayoría en el Consejo la tiene la AF, la asociación que Eduardo ha liderado con algún intervalo desde hace dos décadas. Su situación es diferente de la del FGE anterior, porque el anterior asumía personalmente la responsabilidad de los nombramientos que en muchos casos fueron en minoría en el Consejo. El anterior FGE, que hizo cosas que yo -desde JI- critiqué con energía (por ejemplo, la preterición de Eduardo Torres Dulce como Fiscal Jefe del TC), sin embargo asumía una responsabilidad personal en lo que ocurría en el Consejo. La misma responsabilidad tiene ahora el FGE actual, aunque se haga menos ruído. El FGE puede hacer lo que quiera, pero la única forma que yo veo de distanciarse de una situación de abusos en el Consejo, cada vez que se producen, es la de forzar un cambio de sistema. Aceptar que los adversarios de la AF no son los adversarios del FGE y que quien no está en la AF también le tiene a él como FGE. No basta con decir: "yo respeto al Consejo Fiscal y sigo sus propuestas", porque estas propuestas dependen de quienes ha dirigido hasta hace un año. El FGE ya no es -como hace un año- una parte más, un vocal más en el Consejo, sino quien decide. Si no lo hace así, si no se distancia de ese modo de proceder no podrá afirmar durante mucho más tiempo que es el Fiscal General de todos. Ya se que no es fácil; pero ni siquiera el encanto personal del FGE en mi opinión puede obviar esa realidad. Un cambio de sistema que forzara a la Inspección a baremar méritos; que diera publicidad a los programas; que permitiera a los fiscales en cuya Fiscalía se va a elegir a un Jefe dar su opinión; en el que se generalizase la comparecencia que ordenó hacer en Barcelona (y que algunos ningunearon al traer el voto decidido desde casa); y en el que se motivara la decisión tomada por el Consejo. Luego él, el FGE, que decida lo que considere oportuno. Esas garantías han de establecerse en beneficio de los fiscales y deben perdurar más allá de su mandato. Si no lo hace así, la responsabilidad de lo que hacen los vocales -sobre todo los de la AF- se va a acabar extendiendo al propio FGE.
martes, 6 de noviembre de 2012
UN PARIPÉ
Me encuentro en Estrasburgo, por un asunto familiar, y escribo esto en cuanto he tenido acceso a internet.
Nunca antes del martes pasado había asistido -siquiera parcialmente- a una sesión del Consejo Fiscal. El martes, como consecuencia de la iniciativa del FGE de escuchar en persona a los candidatos a la Fiscalía de Barcelona (yo creía que era con carácter general, pero no, fue solo para Barcelona y a petición de la UPF), comparecí. Naturalmente yo sabía que no tenía ninguna opción, como dije aquí hace más de un mes. Pero además me lo habían confirmado dos días antes, dándome todo tipo de detalles de a quién iba a votar cada uno (salvo los vocales natos). Nada nuevo, claro. Pero antes de entrar ocurrió algo: un Fiscal de Sala se acercó a la candidata designada para ser elegida y delante de testigos, la felicitó por anticipado. La UPF se quejó en el Consejo, y cuando entré yo -y antes de comenzar mi presentación- el FGE me dijo que no creyera que esto estaba ya hecho y que la comparecencia se hacía para escuchar de viva voz los programas de cada candidato. Expuse mi programa con convicción: un programa de grandes cambios, pero nada que no haya visto que funciona en otros lugares del extranjero. Hablar de cambios a la AF y a la UPF es como si predicara hare krishna en el Consejo. Hablar de dar libertad a los fiscales, de estimular su creatividad y responsabilidad, de aplicar la ley para todos por igual (sin excepción) o de mantener a la Fiscalía neutral políticamente -incluso en un ambiente independentista como el que se vive en Catalunya- es absolutamente estéril. No puedo decir que no me escucharan y que no me preguntaran -con curiosidad y cortesía- en casi todos los casos, lo que agradezco. Pero yo tenía la sensación de que era como si en vez de escuchar a un serio candidato a una Fiscalía muy importante estuvieran analizando entomológicamente a un raro especimen. Yo creo y me fastidia el reproche que algunos me hacen sobre ello, que la Fiscalía ha de ser neutral políticamente en relación con las aspiraciones independentistas de parte de Catalunya. La idea de una Fiscalía neutral políticamente no ha calado entre alguna gente: la Fiscalía no persigue ideas, persigue delitos. Si no se cometen delitos (y el trabajo de los fiscales es verificar e investigar su comisión) los fiscales no deberíamos tener nada que decir. Ahora bien, si -por ejemplo- el Presidente de la Generalitat acusa al anterior Gobierno de que su "problema es el 3%" eso es una denuncia muy grave de corrupción que si hay que investigar. Pero en su día, la Fiscalía hiperpolitizada y sostenida por un Gobierno que necesitaba parlamentariamente a CiU, actuó de manera contraria a como yo lo hubiera hecho, es decir investigando la cuestión exhaustivamente. Yo creo que con cumplir nuestra obligación nos basta, no hay que criminalizar opciones políticas, al margen de que si se hace así en Catalunya se estaría colocando a la Fiscalía en la vanguardia de la lucha política y también del desprestigio ciudadano en esa tierra. Conmigo al frente, eso en Barcelona, no iba a pasar.
Al final, yo 0 votos, y la felicitada anticipadamente elegida. Normal. Todos los pronósticos cumplidos, que no eran ningún secreto para nadie ya desde antes de la celebración del Consejo y de la comparecencia-paripé. Casualmente, el mejor jefe de Barcelona para la AF pertenecía a la AF (sin ninguna excepción); y el mejor para la UPF, pertenecía a la UPF. La comparecencia establecida en esta ocasión es obviamente inútil. El mal está en la parcialidad, en la ausencia de objetividad, y no solo en el sistema, que sin embargo está creado para que las mayorías se muevan con total opacidad y discreccionalidad.
A mi no me extraña que los vocales natos no quieran cambios: les ha ido bien con este sistema. Pero yo insisto en que creo que hay que cambiar muchas cosas porque la Fiscalía hace aguas por muchos lados. Si preguntamos por ahí a los fiscales, estoy seguro de que al menos uno de cada diez querría tener más libertad en su trabajo; querría que los jefes confiaran en ellos; querrían que se eliminaran controles; querrían que se luchara por tener más medios o más facilidades en su trabajo o en su formación o querrían tener la seguridad de que su jefe no va a aceptar instrucciones políticas para acusar o no acusar a nadie. Estoy seguro de que eso es así, menos en el Consejo Fiscal. Porque ahí esos valores no cuentan. Ahí se habla de poder. La AF a mi juicio -con todo el respeto que la tengo- presentaba a una candidata que nada que ver con la categoría de su antecesor en el cargo, también de la AF. Pero era igual, lo importante para la AF era "retener Barcelona" como si de plazas militares se tratara. Y para la UPF lo mismo, aunque en este caso presentaban a un buen candidato; eso sin embargo no tiene mucha importancia, porque apoyan a su candidato sin reparar con quien compite, les es igual.
Con estos ahí no hay esperanza de cambio alguno. Ni mérito, ni capacidad ni propuestas. Simplemente más de lo mismo.
Me duele no ser elegido y me duele no ser reconocido en absoluto, para que lo voy a negar. Pero no me siento "humillado" como me decía una recién afiliada a la AF hace unas semanas, ante la evidencia del revolcón que me iban a dar. Esto es como "El Padrino", nada personal. Además, yo quería ir a Barcelona para contribuir a mejorar las cosas, no por ganar nada. El coste de ir a Barcelona, con gran escándalo de mi mujer (y ahora con gran alivio), era para la familia de unos 1500-2000 euros al mes, entre lo que iba a ganar de menos, lo que iba a tener que gastar en viajes y el alquiler de un apartamento, además de una serie de gastos iniciales importantes. Iba a dejar de vivir tranquilo -abandonando una plaza por la que hay decenas de peticionarios cuando sale una vacante- para vivir con mucha intensidad profesional y en una situación ambiental difícil, aunque divertido, porque me gusta mi profesión. Lo hubiera hecho gustoso por intentar cambiar algo el desastre de Justicia que tenemos y sobre todo por tratar de inculcar a los fiscales más jóvenes un tipo de actuación profesional inspirado en la libertad, en la responsabilidad, en la formación y en la confianza recíproca entre jefe y fiscal.
Quiero comentar, por último, que siento que Juan Carlos López Coig, Fiscal Jefe de Alicante y aspirante a venir al Tribunal Supremo no lo haya conseguido. No le he tratado mucho, y desde luego no soy amigo suyo, pero creo que tiene derecho a quejarse porque tiene antigüedad y méritos más que suficientes. En este turno absurdo que se han montado en el Consejo Fiscal (1-1-1), del cual no se sabe quien lleva la contabilidad, no le tocaba. Insisto, lo siento.
PD. Hoy, dia 13 de noviembre, me llama un miembro de la UPF en el Consejo, por quien tengo gran simpatía, y me dice que ellos -a veces con gran coste interno- si apoyan en ocasiones a candidatos que no son de la UPF; me da el ejemplo del caso del Fiscal Jefe del TSJ de Barcelona. Vale, recogido queda.
Nunca antes del martes pasado había asistido -siquiera parcialmente- a una sesión del Consejo Fiscal. El martes, como consecuencia de la iniciativa del FGE de escuchar en persona a los candidatos a la Fiscalía de Barcelona (yo creía que era con carácter general, pero no, fue solo para Barcelona y a petición de la UPF), comparecí. Naturalmente yo sabía que no tenía ninguna opción, como dije aquí hace más de un mes. Pero además me lo habían confirmado dos días antes, dándome todo tipo de detalles de a quién iba a votar cada uno (salvo los vocales natos). Nada nuevo, claro. Pero antes de entrar ocurrió algo: un Fiscal de Sala se acercó a la candidata designada para ser elegida y delante de testigos, la felicitó por anticipado. La UPF se quejó en el Consejo, y cuando entré yo -y antes de comenzar mi presentación- el FGE me dijo que no creyera que esto estaba ya hecho y que la comparecencia se hacía para escuchar de viva voz los programas de cada candidato. Expuse mi programa con convicción: un programa de grandes cambios, pero nada que no haya visto que funciona en otros lugares del extranjero. Hablar de cambios a la AF y a la UPF es como si predicara hare krishna en el Consejo. Hablar de dar libertad a los fiscales, de estimular su creatividad y responsabilidad, de aplicar la ley para todos por igual (sin excepción) o de mantener a la Fiscalía neutral políticamente -incluso en un ambiente independentista como el que se vive en Catalunya- es absolutamente estéril. No puedo decir que no me escucharan y que no me preguntaran -con curiosidad y cortesía- en casi todos los casos, lo que agradezco. Pero yo tenía la sensación de que era como si en vez de escuchar a un serio candidato a una Fiscalía muy importante estuvieran analizando entomológicamente a un raro especimen. Yo creo y me fastidia el reproche que algunos me hacen sobre ello, que la Fiscalía ha de ser neutral políticamente en relación con las aspiraciones independentistas de parte de Catalunya. La idea de una Fiscalía neutral políticamente no ha calado entre alguna gente: la Fiscalía no persigue ideas, persigue delitos. Si no se cometen delitos (y el trabajo de los fiscales es verificar e investigar su comisión) los fiscales no deberíamos tener nada que decir. Ahora bien, si -por ejemplo- el Presidente de la Generalitat acusa al anterior Gobierno de que su "problema es el 3%" eso es una denuncia muy grave de corrupción que si hay que investigar. Pero en su día, la Fiscalía hiperpolitizada y sostenida por un Gobierno que necesitaba parlamentariamente a CiU, actuó de manera contraria a como yo lo hubiera hecho, es decir investigando la cuestión exhaustivamente. Yo creo que con cumplir nuestra obligación nos basta, no hay que criminalizar opciones políticas, al margen de que si se hace así en Catalunya se estaría colocando a la Fiscalía en la vanguardia de la lucha política y también del desprestigio ciudadano en esa tierra. Conmigo al frente, eso en Barcelona, no iba a pasar.
Al final, yo 0 votos, y la felicitada anticipadamente elegida. Normal. Todos los pronósticos cumplidos, que no eran ningún secreto para nadie ya desde antes de la celebración del Consejo y de la comparecencia-paripé. Casualmente, el mejor jefe de Barcelona para la AF pertenecía a la AF (sin ninguna excepción); y el mejor para la UPF, pertenecía a la UPF. La comparecencia establecida en esta ocasión es obviamente inútil. El mal está en la parcialidad, en la ausencia de objetividad, y no solo en el sistema, que sin embargo está creado para que las mayorías se muevan con total opacidad y discreccionalidad.
A mi no me extraña que los vocales natos no quieran cambios: les ha ido bien con este sistema. Pero yo insisto en que creo que hay que cambiar muchas cosas porque la Fiscalía hace aguas por muchos lados. Si preguntamos por ahí a los fiscales, estoy seguro de que al menos uno de cada diez querría tener más libertad en su trabajo; querría que los jefes confiaran en ellos; querrían que se eliminaran controles; querrían que se luchara por tener más medios o más facilidades en su trabajo o en su formación o querrían tener la seguridad de que su jefe no va a aceptar instrucciones políticas para acusar o no acusar a nadie. Estoy seguro de que eso es así, menos en el Consejo Fiscal. Porque ahí esos valores no cuentan. Ahí se habla de poder. La AF a mi juicio -con todo el respeto que la tengo- presentaba a una candidata que nada que ver con la categoría de su antecesor en el cargo, también de la AF. Pero era igual, lo importante para la AF era "retener Barcelona" como si de plazas militares se tratara. Y para la UPF lo mismo, aunque en este caso presentaban a un buen candidato; eso sin embargo no tiene mucha importancia, porque apoyan a su candidato sin reparar con quien compite, les es igual.
Con estos ahí no hay esperanza de cambio alguno. Ni mérito, ni capacidad ni propuestas. Simplemente más de lo mismo.
Me duele no ser elegido y me duele no ser reconocido en absoluto, para que lo voy a negar. Pero no me siento "humillado" como me decía una recién afiliada a la AF hace unas semanas, ante la evidencia del revolcón que me iban a dar. Esto es como "El Padrino", nada personal. Además, yo quería ir a Barcelona para contribuir a mejorar las cosas, no por ganar nada. El coste de ir a Barcelona, con gran escándalo de mi mujer (y ahora con gran alivio), era para la familia de unos 1500-2000 euros al mes, entre lo que iba a ganar de menos, lo que iba a tener que gastar en viajes y el alquiler de un apartamento, además de una serie de gastos iniciales importantes. Iba a dejar de vivir tranquilo -abandonando una plaza por la que hay decenas de peticionarios cuando sale una vacante- para vivir con mucha intensidad profesional y en una situación ambiental difícil, aunque divertido, porque me gusta mi profesión. Lo hubiera hecho gustoso por intentar cambiar algo el desastre de Justicia que tenemos y sobre todo por tratar de inculcar a los fiscales más jóvenes un tipo de actuación profesional inspirado en la libertad, en la responsabilidad, en la formación y en la confianza recíproca entre jefe y fiscal.
Quiero comentar, por último, que siento que Juan Carlos López Coig, Fiscal Jefe de Alicante y aspirante a venir al Tribunal Supremo no lo haya conseguido. No le he tratado mucho, y desde luego no soy amigo suyo, pero creo que tiene derecho a quejarse porque tiene antigüedad y méritos más que suficientes. En este turno absurdo que se han montado en el Consejo Fiscal (1-1-1), del cual no se sabe quien lleva la contabilidad, no le tocaba. Insisto, lo siento.
PD. Hoy, dia 13 de noviembre, me llama un miembro de la UPF en el Consejo, por quien tengo gran simpatía, y me dice que ellos -a veces con gran coste interno- si apoyan en ocasiones a candidatos que no son de la UPF; me da el ejemplo del caso del Fiscal Jefe del TSJ de Barcelona. Vale, recogido queda.
miércoles, 31 de octubre de 2012
PUEDE QUE AHORA SÍ CAMBIE EL PROCESO
El otro día estuvo la cúpula del Ministerio de Justicia en pleno en la Fiscalía. No tuve ocasión de verles, pero ayer dieron cuenta los jefes en Junta de una reunión que hubo entre el Ministro y los Fiscales de Sala. Según parece, el Ministro prometió que en esta legislatura haría todo lo posible para que se aprobara una nueva LECr., cuyo anteproyecto está muy avanzado, en la que se atribuye la investigación a los fiscales y se crea la figura del Juez de garantías. Están estudiando los fiscales que harán falta para asumir ese trabajo y calculan que deberán incrementar la plantilla en unos 1000 efectivos, al tiempo que la plantilla judicial será excesiva. Garantizó, por otra parte el Ministro, que hasta el final de la legislatura habría oposiciones (con un número bajo de plazas) para las carreras judicial y fiscal.
Son buenas noticias, aunque alguno dirá que cada legislatura -en sus comienzos- nos dicen lo mismo los ministros. Yo creo que la situación es límite y que ahora va a ser que si. Habrá que ver los detalles de ese anteproyecto, que debería estar liquidado para finales de año, pero no hay salida a nuestra Justicia penal sin salir del proceso (y la mentalidad procesal) del siglo XIX. En cuanto a las plantillas, lo primero que se me ocurre -eso no lo dijo el Ministro- es algo que existe en varios lugares de Europa (Francia, Italia), que es la posibilidad de establecer trasvases de jueces a fiscales y viceversa. Ya veremos.
Son buenas noticias, aunque alguno dirá que cada legislatura -en sus comienzos- nos dicen lo mismo los ministros. Yo creo que la situación es límite y que ahora va a ser que si. Habrá que ver los detalles de ese anteproyecto, que debería estar liquidado para finales de año, pero no hay salida a nuestra Justicia penal sin salir del proceso (y la mentalidad procesal) del siglo XIX. En cuanto a las plantillas, lo primero que se me ocurre -eso no lo dijo el Ministro- es algo que existe en varios lugares de Europa (Francia, Italia), que es la posibilidad de establecer trasvases de jueces a fiscales y viceversa. Ya veremos.
martes, 30 de octubre de 2012
UN PASO ES UN PASO
Estoy preocupado por el anuncio de ayer en El Mundo de la creación de una "célula de crisis" en relación con las pretensiones de independencia de algunos partidos en Catalunya. No, naturalmente, porque el Gobierno no tenga derecho a ello, sino porque incluye en la misma al FGE. Se que la creación de la "célula" ha sido desmentida por el Ministerio de Justicia, pero la información del periódico tenía demasiados detalles: hoy he esperado una rectificación del periódico, pero no dicen nada, ni siquiera recogen el desmentido del Ministerio. En todo caso, la mera noticia -aún siendo errada- creo que no facilitará el trabajo de los fiscales en Catalunya, y que sean percibidos como lo que son, como profesionales imparciales y no involucrados en la lucha política. No vendría mal un desmentido de la FGE, en mi opinión; y quizá una aclaración de las asociaciones en el Consejo Fiscal: si yo estuviera ahí de seguro que la pediría.
Pero hoy quiero comentar un paso que a instancias del FGE se da para añadir unas mayores dosis de objetividad en los nombramientos: me ha llegado una notificación de la Inspección por la que se me convoca -como peticionario a la Jefatura de la Fiscalía de Barcelona- a una entrevista en el Consejo para explicar mi programa de actuación. Es un paso positivo, que me anticipó el FGE cuando tomó posesión de su cargo, y que recoge una de las cosas que la APIF llevaba en su programa a las elecciones al Consejo. Saludo por tanto el gesto, que no fue capaz de realizar ni el anterior FGE ni tampoco impulsar la UPF en la anterior etapa. Quedan sin embargo muchas más cosas para que el sistema de nombramientos sea mínimamente objetivo. No hablo de que sea necesario obtener consensos amplios entre los vocales (eso provoca el cáncer de los repartos, de los 1-1-1 o de las componendas). Hablo, por ejemplo, de que los nombramientos sean motivados; de que en el caso de las Jefaturas, las Fiscalías puedan ser oídas mediante votación anónima sobre sus preferencias, especialmente en las renovaciones; de que haya una publicidad mínima (al menos para los candidatos) de los programas y currículums de los demás aspirantes con la finalidad de poder impugnar en su caso con fundamento las decisiones. En fin, algo normal me parece a mi, en un sistema en el que se aspira a que "el mérito y la capacidad" prevalezcan.
De todas formas, insisto, el hecho es un avance y como tal debe ser percibido y elogiado.
Pero hoy quiero comentar un paso que a instancias del FGE se da para añadir unas mayores dosis de objetividad en los nombramientos: me ha llegado una notificación de la Inspección por la que se me convoca -como peticionario a la Jefatura de la Fiscalía de Barcelona- a una entrevista en el Consejo para explicar mi programa de actuación. Es un paso positivo, que me anticipó el FGE cuando tomó posesión de su cargo, y que recoge una de las cosas que la APIF llevaba en su programa a las elecciones al Consejo. Saludo por tanto el gesto, que no fue capaz de realizar ni el anterior FGE ni tampoco impulsar la UPF en la anterior etapa. Quedan sin embargo muchas más cosas para que el sistema de nombramientos sea mínimamente objetivo. No hablo de que sea necesario obtener consensos amplios entre los vocales (eso provoca el cáncer de los repartos, de los 1-1-1 o de las componendas). Hablo, por ejemplo, de que los nombramientos sean motivados; de que en el caso de las Jefaturas, las Fiscalías puedan ser oídas mediante votación anónima sobre sus preferencias, especialmente en las renovaciones; de que haya una publicidad mínima (al menos para los candidatos) de los programas y currículums de los demás aspirantes con la finalidad de poder impugnar en su caso con fundamento las decisiones. En fin, algo normal me parece a mi, en un sistema en el que se aspira a que "el mérito y la capacidad" prevalezcan.
De todas formas, insisto, el hecho es un avance y como tal debe ser percibido y elogiado.
martes, 23 de octubre de 2012
PAUPÉRRIMA OPINIÓN DE LA JUSTICIA
Una reciente encuesta del CIS -de la que se han hecho eco con profusión los medios de comunicación- pone de manifiesto la bajísima opinión que los españoles tienen del funcionamiento de la Justicia (ver la página 55 del informe que enlazo). El 74 por ciento de los españoles consideran que funciona poco o nada satisfactoriamente, mientras un 12,4 por ciento no contesta a la encuesta. De manera que todavía hay una minoría que opina que la Justicia funciona muy bien (0,8) o bastante bien (11.6). Son resultados para pensar en cambiar muchas cosas. No en vano hay -solo en la Justicia penal- más de 1.140.000 asuntos penales pendientes a finales del año pasado.
En mi opinión, mucho más urgente que modificar el Código Penal (que pronto llegará a la treintena de reformas desde 1985), sería introducir una reforma procesal penal radical, que atribuyera al fiscal la investigación; que estableciera plazos tasados de duración de las investigaciones; que introdujera el principio de oportunidad reglada en la acusación; que renunciara a la investigación contradictoria; que instituyera un Juez de garantías para la investigación; que regulara la proporcionalidad en la investigación. En fin, cosas que hay ya en toda Europa y en muchas otras partes del mundo.
Por lo que a la Fiscalía se refiere, habría que pensar en introducir un cuerpo de Ayudantes del Fiscal, como también ocurre en muchos lugares de Europa; estudiar un trasvase de efectivos entre las Carreras Judicial y Fiscal; despolitizar la Fiscalía de una vez para garantizar la aplicación igual de la ley para todo el mundo. Y potenciar el mérito y la capacidad en las Carreras Judicial y sobre todo Fiscal (la arbitrariedad aquí es mucho menos revisable que en la judicatura), que alentara y estimulara de una vez el estudio y el bien hacer, en lugar de lo que ahora tenemos.
En mi opinión, mucho más urgente que modificar el Código Penal (que pronto llegará a la treintena de reformas desde 1985), sería introducir una reforma procesal penal radical, que atribuyera al fiscal la investigación; que estableciera plazos tasados de duración de las investigaciones; que introdujera el principio de oportunidad reglada en la acusación; que renunciara a la investigación contradictoria; que instituyera un Juez de garantías para la investigación; que regulara la proporcionalidad en la investigación. En fin, cosas que hay ya en toda Europa y en muchas otras partes del mundo.
Por lo que a la Fiscalía se refiere, habría que pensar en introducir un cuerpo de Ayudantes del Fiscal, como también ocurre en muchos lugares de Europa; estudiar un trasvase de efectivos entre las Carreras Judicial y Fiscal; despolitizar la Fiscalía de una vez para garantizar la aplicación igual de la ley para todo el mundo. Y potenciar el mérito y la capacidad en las Carreras Judicial y sobre todo Fiscal (la arbitrariedad aquí es mucho menos revisable que en la judicatura), que alentara y estimulara de una vez el estudio y el bien hacer, en lugar de lo que ahora tenemos.
lunes, 22 de octubre de 2012
RANKING DE TRANSPARENCIA
Alguno dirá que bueno, estar clasificado en el puesto 31 del ranking mundial elaborado por Transparencia Internacional en el índice de corrupción en el sector público no está mal. Al fin y al cabo, estamos por delante de países como Italia, Israel, Portugal o Brasil. A mi me parece de escándalo, ya que además de que el dato es muy malo, esa percepción sobre la corrupción en nuestro país viene cayendo desde hace 10 años, tanto en términos de puntuación como de clasificación. Hoy España -en un índice que tiene repercusión en todo el mundo- está detrás de países como Qatar, Bahamas, Barbados, Chipre o Emiratos Árabes. Desde la perspectiva de la Justicia, y más en concreto desde la Fiscalía, creo que habría que hacer mucho más. Puede que me falle la memoria, pero no recuerdo en prisión por corrupción en los últimos diez años a ningún ministro, a ningún presidente de gobierno, a ningún banquero, y quizá tan solo un juez en España. Ha habido alguna condena (poquitas), pero a la cárcel no ha ido casi nadie. Mientras la Fiscalía no se libere de ciertas ataduras (algunas políticas, otras psicológicas); mientras los fiscales no nos convenzamos de que nuestro papel natural ha de ser incisivo, inquisitivo y no meramente vigilante en la investigación; mientras no desaparezcan los informes del tipo "el Fiscal no se opone a que se investigue a fulano o mengano"; mientras alguien pueda pensar que puede haber "intereses superiores" a la extirpación del cáncer de la corrupción donde quiera que se encuentre, yo creo que no avanzaremos.
jueves, 27 de septiembre de 2012
PROGRAMA DE ACTUACIÓN PARA LA FISCALÍA DE BARCELONA
He solicitado la plaza de fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Barcelona. El Inspector Fiscal me pidió que hiciera un programa de actuación para que el Consejo Fiscal pudiera evaluar mejor las intenciones de cada candidato, lo cual me parece muy bien, en principio, en aras de la transparencia. A continuación transcribo el programa que he presentado.
Ayer me llamó un buen amigo, con gran peso en la AF para decirme que, no obstante, no me haga ilusiones, porque la plaza no es para mi, sin que él pueda hacer nada al respecto. Y me preguntó si ya había ido a ver al FGE...
Naturalmente que no me hago ilusiones porque se, como lo sabe mi amigo, el Consejo Fiscal, el FGE y media Carrera, que las cosas aquí van de una manera diferente a como deberían. Me haría algunas ilusiones -con el máximo respeto para otros compañeros muy valiosos que puedan aspirar a esta plaza u otras, y seguro que con grandes méritos- si se tratara de una competición objetiva (en la que se gana o se pierde, y no pasa nada si otro es mejor); si el curriculum importara hasta ser determinante; si el ser el único fiscal español que ha trabajando como fiscal en un Tribunal penal internacional tuviera importancia; si la tuvieran los años de profesor asociado de derecho penal o procesal, o los años en la Fiscalía Anticorrupción, o en el Tribunal Supremo; o si el ser juez excedente (con el número dos de la promoción) tuviera algún valor. O quizá si se valorara la creación de una web jurídica con más de 100.000 visitas al año, me haría alguna ilusión. Pero todos sabemos, yo el primero, y mi amigo me lo recuerda, que estas cosas aquí pintan poco. Hoy lo que más ayuda es estar en la AF (acaban de proponer a un miembro de su Ejecutiva, Director del CEJ, ni más ni menos), y luego -si eso no es posible- callarse. Hace unos meses, lo importante era ser de la UPF (y luego, también callarse). Pero yo dejé la AF hace muchos años, y creo que lo que la Fiscalía necesita son unos cambios muy importantes, y como lo creo me siento obligado a decirlo -procurando ser educado-, y si me cuesta algo el hacerlo, pues vale. Así que no me hago ilusiones.
Por otra parte, es claro que no voy a ir a ver al FGE para explicarle el interés que tengo en ir a la Fiscalía de Barcelona. No lo he hecho nunca antes, ni lo voy a hacer ahora; lo considero humillante para el que va, y desleal para otros candidatos, al margen de entender -como digo- que deberían ser únicamente los méritos profesionales los que hablaran por uno. Pero si solo los méritos contaran y la Fiscalía estuviera despolitizada, yo no escribiría en este blog. Bueno, a lo que vamos, a mi programa.
PROGRAMA
Ayer me llamó un buen amigo, con gran peso en la AF para decirme que, no obstante, no me haga ilusiones, porque la plaza no es para mi, sin que él pueda hacer nada al respecto. Y me preguntó si ya había ido a ver al FGE...
Naturalmente que no me hago ilusiones porque se, como lo sabe mi amigo, el Consejo Fiscal, el FGE y media Carrera, que las cosas aquí van de una manera diferente a como deberían. Me haría algunas ilusiones -con el máximo respeto para otros compañeros muy valiosos que puedan aspirar a esta plaza u otras, y seguro que con grandes méritos- si se tratara de una competición objetiva (en la que se gana o se pierde, y no pasa nada si otro es mejor); si el curriculum importara hasta ser determinante; si el ser el único fiscal español que ha trabajando como fiscal en un Tribunal penal internacional tuviera importancia; si la tuvieran los años de profesor asociado de derecho penal o procesal, o los años en la Fiscalía Anticorrupción, o en el Tribunal Supremo; o si el ser juez excedente (con el número dos de la promoción) tuviera algún valor. O quizá si se valorara la creación de una web jurídica con más de 100.000 visitas al año, me haría alguna ilusión. Pero todos sabemos, yo el primero, y mi amigo me lo recuerda, que estas cosas aquí pintan poco. Hoy lo que más ayuda es estar en la AF (acaban de proponer a un miembro de su Ejecutiva, Director del CEJ, ni más ni menos), y luego -si eso no es posible- callarse. Hace unos meses, lo importante era ser de la UPF (y luego, también callarse). Pero yo dejé la AF hace muchos años, y creo que lo que la Fiscalía necesita son unos cambios muy importantes, y como lo creo me siento obligado a decirlo -procurando ser educado-, y si me cuesta algo el hacerlo, pues vale. Así que no me hago ilusiones.
Por otra parte, es claro que no voy a ir a ver al FGE para explicarle el interés que tengo en ir a la Fiscalía de Barcelona. No lo he hecho nunca antes, ni lo voy a hacer ahora; lo considero humillante para el que va, y desleal para otros candidatos, al margen de entender -como digo- que deberían ser únicamente los méritos profesionales los que hablaran por uno. Pero si solo los méritos contaran y la Fiscalía estuviera despolitizada, yo no escribiría en este blog. Bueno, a lo que vamos, a mi programa.
PROGRAMA
Líneas generales de actuación. Durante los primeros meses me dedicaré a
analizar el estado de la
Fiscalía ; a conocer a los fiscales; a visitar las sedes; a
evaluar los problemas existentes y a distinguir entre los que pueden
solucionarse desde la
Jefatura de aquellos que solo puedan arreglarse a través de
reformas fuera de mi competencia. Los
primeros los abordaré con diálogo con los interesados, y con la apoyo de un
equipo de fiscales (en este momento pienso en los Decanos) expertos con cuyo
consejo y ayuda contaré. Los segundos
los denunciaré sin vacilación y presionaré todo lo que sea necesario para
conseguir que se arreglen por quien corresponda.
A partir de ese conocimiento de la Fiscalía , decidiré si
habrá cambios importantes o no. Esos
cambios nunca serán radicales, al menos en la organización estructural de la Fiscalía. Considero que nada hay que
perturbe más a una plantilla que los cambios de función y la incertidumbre de
qué se hará en los días sucesivos. Pero
trabajaré en acortar los tiempos de tramitación, en acabar con los retrasos, en
acelerar la ejecución de las sentencias y sobre todo en dar confianza a los
fiscales. Estoy en contra de un excesivo
control de los fiscales. La estructura
de la Fiscalía
es jerárquica y obedecemos como fiscales a los principios de unidad y
dependencia. El control tradicional para ejercer esa dependencia es el visado,
y también la atribución a ciertos fiscales de responsabilidades de control sobre
otros compañeros. Estudiaré la cuestión
con la intención de conferir mayor libertad a los fiscales experimentados, y
poco a poco incrementar la que tengan los más modernos. Mi propósito es que cada fiscal se acostumbre
a tener una mayor iniciativa, a riesgo de equivocarse, y también que –consecuentemente-
asuma responsabilidades. Los fiscales
tenemos la formación de los jueces, y por tanto, en la mayor parte de los casos
debemos tener libertad para actuar, y confianza en que esa libertad será respetada. La ley y las directrices emanadas de la
institución han de ser conocidas (ver el apartado de formación) y respetadas,
pero dicho eso, cada fiscal ha de tener la responsabilidad de actuar conforme a
las reglas establecidas, sin supervisores que le agobien para ello. Eso se hace especialmente evidente en los
juicios: defiendo la libertad del fiscal de valorar la prueba y actuar en
consecuencia. No me convencen (lo veo
humillante para el fiscal que asiste a Sala de Vistas) la consulta a la
superioridad paralizando el juicio. Las
cuentas se rinden tras el juicio y normalmente mi disposición será la de
aceptar lo realizado por el fiscal.
Lucharé por cambiar el sistema de
estadística actualmente vigente.
Considero un despropósito que los fiscales agobiados por el trabajo
tengan que ir fichando cada asunto que despachan, cada juicio que hacen. Debe haber un sistema mejor que permita
invertir mejor el tiempo escaso de los fiscales en mejorar sus prestaciones.
Me preocuparé de los jóvenes
especialmente. Les daré confianza, en
la medida de mis posibilidades; les haré ver que lo grave no es el error (todo
el mundo se equivoca de vez en cuando), sino la razonabilidad de la decisión
adoptada. Les animaré a trabajar en un
ambiente positivo. Pretendo con ello
que los fiscales no tengan ninguna duda de que el jefe les respaldará cuando sobre
la base de pruebas suficientes investiguen o acusen a cualquier persona con
independencia de la importancia política, social, económica o profesional que
ostente. Parto de la base de que todos
somos iguales ante la ley, y que no hay intereses superiores a ese
principio. Lo importante es la prueba,
no el investigado. Y si no hay pruebas,
tras haberlas buscado con diligencia –esto es muy importante para mi-, lo
procedente es el archivo de las actuaciones.
Facilitaré la conciliación de la vida familiar y personal con el
trabajo: los fiscales debemos tener tiempo para pensar, o de lo contrario nos
equivocamos más. El papel se ha de
despachar, pero no me gusta ver a fiscales trabajando hasta el punto de perder
la capacidad de análisis.
Intensificaré las relaciones con
las fuerzas de seguridad nacionales y autonómicas. La Fiscalía ha de trabajar en estrecha
relación con la Policía, colaborando cuando sea preciso y ordenando líneas
de actuación en muchas áreas. Lo haré
advirtiendo a los superiores de la Policía que el respeto a los derechos
humanos y a los derechos fundamentales de los ciudadanos que exigiré a los
fiscales lo exigiré también a la Policía en sus relaciones con estos. Trataré con las autoridades institucionales
catalanas todas aquellas cuestiones que puedan incidir en la mejora del
funcionamiento de la Fiscalía.
Cataluña vive hoy unos momentos
importantes. Las voces que reclaman la
independencia van creciendo y el partido mayoritario y de Gobierno se muestra
abiertamente por esa opción. Yo soy
catalán, barcelonés, y vivo esta cuestión con intensidad. Mi convicción, por la que he luchado toda mi
vida profesional -la mayor parte de las veces contra corriente-, es la de que la Fiscalía ha de ser
neutral políticamente. Desde la Jefatura de la Fiscalía garantizo una posición
estrictamente neutral ante los problemas políticos de la naturaleza que apunto
y respecto de cualquier otra. Conmigo
al frente, la Fiscalía
de Barcelona no se desviará de ese principio.
Será el criterio profesional de los fiscales el que determinará la
intervención de la Fiscalía
y solo ese, aunque como es natural la estructura de la FGE pueda proporcionar el
auxilio técnico necesario.
Como no puede ser de otra manera,
tendré una relación institucional leal con los superiores jerárquicos del
Fiscal Jefe de Barcelona, es decir, con la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y con
el Fiscal General del Estado, tanto ahora que las personas que ocupan dichos
cargos son compañeros por los que tengo sincero aprecio, como en el futuro
cuando cambien. Lo cual no es en
absoluto contradictorio, sino todo lo contrario, con la determinación a
utilizar -si llega el momento- los mecanismos de discrepancia legítima que
autoriza nuestro Estatuto Orgánico. Considero
un atributo muy importante del fiscal la independencia de criterio (forjado
sobre el estudio de la ley y la jurisprudencia así como sobre el sentido común),
sin sumisión a orientaciones ideológicas o asociativas. Estimularé esos valores en la Fiscalía y entre los
fiscales, y no prestaré atención alguna en la Fiscalía y en la
designación de cargos de responsabilidad a la militancia asociativa o a la no
militancia.
Mantendré una relación
institucional lo más colaboradora, abierta y cercana posible con las
instituciones locales barcelonesas y catalanas, pero sin comprometer nunca la
posición de imparcialidad obligada del Fiscal.
Tendré, en ese sentido, mucho cuidado en atender o aceptar ofrecimientos
o distinciones protocolarias que puedan ser razonablemente entendidos como
comprometedores de la posición institucional del Ministerio Fiscal. Confiriendo la libertad a cada uno para que
haga lo que le parezca, recomendaré a los fiscales de Barcelona seguir esas
pautas de conducta.
Impulsaré si encuentro
receptividad en las contrapartes, las relaciones entre la Fiscalía y la
Universidad. He sido profesor
universitario muchos años y casi treinta fiscal, y se que la cooperación entre
ambas instituciones puede ser beneficiosa para ambas. Prácticas, programas de estancia de
estudiantes en la Fiscalía (podrían ayudar en varias tareas a los fiscales),
clases prácticas de fiscales en las aulas… Tengo el ejemplo de los internships
o pasantías de los Tribunales Internacionales –que he visto que funcionan
estupendamente siempre que se tomen en serio- para utilizarlo en la Fiscalía de
Barcelona.
Intentaré llegar a acuerdos con
los diversos jueces decanos y con la dirección de la Audiencia de Barcelona
para establecer unas condiciones de trabajo idóneas para jueces y fiscales, y
tratando al tiempo de dar una adecuada respuesta a las exigencias de los
ciudadanos.
Quiero ser un Fiscal jefe
dialogante, comprensivo, educado y razonable con los fiscales; pero no voy a
ser un Fiscal jefe débil. Si hay que
actuar con rigor disciplinario en supuestos en que haya algún caso de
comportamientos de fiscales que perturban el funcionamiento de la Fiscalía , actuaré en
consecuencia.
Al cabo de los años, concibo a la
Fiscalía de Barcelona bajo mi dirección como un órgano del Ministerio Fiscal
fuerte, que de respuesta a las necesidades de los ciudadanos, que procure una
Justicia de calidad, que esté formada por fiscales comprometidos, preparados técnicamente,
dotados de medios materiales y orgullosos de su trabajo; una Fiscalía respetada
por la judicatura y por las
instituciones catalanas y de Barcelona, cumplidora
de sus obligaciones y de la cual no quepa reprochar con fundamento que ha
actuado jamás por criterios contrarios a la recta interpretación de la ley y
con igualdad para todos sin excepción.
Intentaré fijar a la plantilla. En muchos casos no es posible, porque van
destinados forzosos a la
Fiscalía de Barcelona fiscales que provienen de lugares
diferentes de España y por tanto cuando pueden encontrar un destino próximo a su
lugar de procedencia se marchan. Me
pondré en contacto, incluso antes de tomar posesión, con la totalidad de los
fiscales que hayan abandonado la
Fiscalía de Barcelona en los últimos años, a fin de
comprender las razones de cada uno para partir y estudiar si todas y cada una
de esos traslados era inevitable. Pero lucharé,
dedicando una parte importante de mis esfuerzos, a hacer la vida de los
fiscales en la Fiscalía
más agradable; a crear un ambiente de trabajo positivo; a dar satisfacción a
aspiraciones profesionales en función de criterios objetivos y de eficacia; a
ayudar en las dificultades que surjan; a intentar alcanzar acuerdos con las
autoridades locales que hagan más fácil la vida de los fiscales en Barcelona y
su provincia. Exploraré la posibilidad de escanear las
carpetillas de Fiscalía, con la finalidad de remitirlas a los fiscales de
manera electrónica, de facilitar la información del Fiscal en las apelaciones y
de que la información que llega a los fiscales del Tribunal Supremo sea más
completa. Intentaré crear una red Wifi
en la Fiscalía ,
y en las Salas de vistas, a fin de facilitar la utilización de dispositivos
móviles que hoy son de gran utilidad profesional. Salvo que resulte imposible, cargaré el
programa Skype en cada ordenador de los fiscales a fin de que puedan mantener
comunicación con video entre si y con otros profesionales que manejen tal
aplicación, evitando desplazamientos costosos en tiempo y dinero. Skype es un sistema de conversación segura
(prácticamente imposible de desencriptar), cuyo uso está siendo ya generalizado
por su gratuidad y seguridad por fiscales y jueces de muchos países europeos y
en Estados Unidos, así como por instituciones de cooperación como
Eurojust.
Los fiscales vivimos un
aprendizaje durante toda nuestra carrera, a veces bueno y a veces malo. Intentaré, con el ejemplo, transmitir una
idea de compromiso y lealtad con la ley, con la Justicia y con los ciudadanos. Intentaré asimismo que los fiscales
–abrumados muchas veces por el trabajo y por penosas condiciones laborales-
sean conscientes de la importancia de su función y que detrás de cada asunto,
de cada papel despachado o de cada juicio hay ciudadanos que valoran a la Fiscalía
y a la Justicia por como actúa cada uno de ellos. A través de esos modos de actuar, y de otros
que se me ocurran o se les ocurra a los compañeros de la Fiscalía , me esforzaré en
que quien se forma en la
Fiscalía de Barcelona continúe en Barcelona el mayor tiempo
posible. Intentaré, consecuentemente,
reducir la necesidad de utilizar fiscales sustitutos (anticipando que tengo
todo el respeto por quienes trabajan en la Fiscalía en condiciones muchas veces peores que
los demás). Pero respecto de los fiscales
sustitutos que se necesiten, les daré formación suficiente para que la calidad
de su trabajo no desmerezca en relación con la importancia de su función.
Proximidad con el ciudadano. Acentuaré la proximidad de la Fiscalía respecto
de los ciudadanos. Arbitraré un sistema
(en este momento pienso que lo mejor es que sea un buzón web) para acoger
quejas, denuncias y recomendaciones de los ciudadanos. La Fiscalía, en lo posible ha de contar con
la ayuda de los ciudadanos expresada en sus quejas y denuncias. Esa proximidad con el ciudadano tendrá un
reflejo en un requerimiento a la Policía para que actúe en consecuencia.
Como parte de esa estrategia de
acercamiento de la Fiscalía al ciudadano, compareceré con la frecuencia que sea
precisa ante los medios de comunicación –acompañado del grupo de fiscales que
considere oportuno- para contestar a las preguntas que la prensa quiera hacer
en relación con el trabajo de la Fiscalía.
Sin embargo, evitaré y daré instrucciones para que así se haga,
filtraciones desde la Fiscalía que puedan alimentar la proliferación de juicios
paralelos. No me gusta ese modo de
actuar porque castiga innecesariamente al afectado por la investigación, y
además porque perjudica el resultado final del proceso. Mantendré la figura del Portavoz de la
Fiscalía.
Especialidades. En este momento, tengo el pensamiento de mantener
la estructura de todos los servicios de especialistas, pero en el futuro
estudiaré su funcionamiento y la eventualidad de cambios que pueda estimar
positivos y que acuerde con los fiscales.
De todos modos, facilitaré la formación de fiscales no especialistas en
aquellas materias hacia las que se sientan inclinados profesionalmente.
Delincuencia económica. La unidad de la Fiscalía contra la delincuencia
económica tendrá conmigo un apoyo principal.
Hablaré con los fiscales e incrementaré si es preciso la dotación personal
y de medios para que trabaje a satisfacción.
Si es preciso, exploraré las posibilidades de llegar a acuerdos con la Delegación de Hacienda
de Barcelona a fin de intensificar la cooperación práctica en la
investigación de conductas criminales. El
objetivo además, y para ello no dudaré en limitar el alcance de las acusaciones
a aquellos supuestos en los que haya mayor prueba, será el de acelerar los
procesos y procurar condenas ejemplares para delincuentes financieros y
personas involucradas en casos de corrupción.
Y por supuesto, recuperar la mayor parte posible del dinero sustraído o
defraudado.
Cooperación internacional Soy un profundo conocedor del funcionamiento
y de la normativa de cooperación penal internacional, así como de las
estructuras creadas tanto en nuestro país –y en la Fiscalía- como en
Europa, algo a lo que me ayuda una larga experiencia operativa en la Fiscalía Anticorrupción ,
en la Red Judicial
Europea y en el Tribunal Penal Internacional (donde trabajé durante un tiempo
en temas de cooperación internacional). También el haber participado en un buen
número de encuentros en el ámbito de EJTN, y de haber intervenido como experto
español en los trabajos preparatorios del Protocolo Adicional al Convenio de
2000, durante más de un año en Bruselas; y un cierto dominio del inglés. Utilizaré esos instrumentos cada vez que sea
necesario, en especial en la lucha contra la delincuencia organizada y en el
ámbito de mis competencias. Y lo haré
con el sentido práctico que reclaman los instrumentos internacionales
establecidos al efecto, combatiendo los obstáculos burocráticos que puedan
aparecer en el camino. Tengo contactos
personales y profesionales con muchos fiscales y jueces europeos y algunos
norteamericanos, además de buenas relaciones con personas que trabajan en
Eurojust, Europol, y OLAF, y pienso utilizarlos.
Formación. Intentaré establecer un sistema de formación
de fiscales en la propia Fiscalía.
Utilizando el modelo del Tribunal Penal Internacional, estableceré con
cierta periodicidad la obligatoriedad de asistir a reuniones de formación, con
duración máxima de una hora, sobre cuestiones prácticas, como por ejemplo,
casos de trascendencia que es conveniente que los fiscales conozcan, circulares
e instrucciones, problemas jurídicos diversos, etc.. Negociaré una retribución adecuada a los
ponentes de dichas reuniones con quien haya que hacerlo, e invitaré como
ponentes principalmente a los fiscales de Barcelona, pero también a abogados,
procuradores, forenses, catedráticos, policías o cualquiera que pueda ayudar a
mejorar la calidad del servicio.
Estableceré un programa semejante
específico para los fiscales sustitutos.
Idiomas Incrementaré, sea cual sea el programa que
esté establecido ahora en Barcelona para el aprendizaje de idiomas, si es que
hay alguno, las facilidades para el estudio de idiomas. Con especial interés en el inglés y el
catalán (que yo mismo me obligaré a seguir para perfeccionarlo). En Cataluña se habla español y catalán, es
decir las dos lenguas, y es conveniente intentar hacerse comprender en
ambas. Y el inglés es la lengua que
permite a los fiscales abrirse a Europa y Norteamérica, tanto por razones
profesionales como personales. Quien lo
desee, debe encontrar facilidades para ese aprendizaje.
martes, 18 de septiembre de 2012
APERTURA DEL AÑO JUDICIAL
El Fiscal General del Estado ha dicho hoy lo siguiente: “No podemos permitir que la corrupción siga envenenando el funcionamiento de la economía de nuestro país, la integridad de las arcas públicas, la probidad en las relaciones comerciales y el cabal desempeño de las prerrogativas y funciones públicas”, según leo en las crónicas del acto. Esa corrupción que lleva envenenando nuestra economía no ha nacido hoy, sino es algo que padecemos desde hace muchos años. Al corrupto, que no es otra cosa que un estafador de los ciudadanos, hay que mandarle mensajes con palabras pero sobre todo con hechos. Una Fiscalía que en la lucha contra la corrupción que funcione con energía; una Fiscalía que investigue a fondo las prácticas de corrupción; una Fiscalía tenaz en la defensa de la ley y de los ciudadanos, que no archive las actuaciones sin profundizar en los casos y con independencia de quien sea el investigado; una Fiscalía con vocación de combatir la presunción de inocencia de los investigados con pruebas de cargo válidas. Una Fiscalía en la que no se depure a nadie por cumplir con su obligación en la lucha contra la corrupción. Una Fiscalía en la que no haya "intereses superiores" a los de la ley y la igualdad de todos ante ella. Esos mensajes los captan muy pronto los corruptos, y también captan rápidamente los contrarios. Ojalá Eduardo se vuelque en la consecución de eso que ha dicho hoy.
viernes, 14 de septiembre de 2012
CONGRESO INTERNACIONAL DE DERECHO PENAL INTERNACIONAL
Hay una profesora de derecho penal llamada a ser una referencia en el derecho penal internacional. Se llama Alicia Gil y trabaja en la UNED. Es joven, inteligente, tiene sentido común y trabaja mucho y con mucho rigor. Recomiendo a los interesados en la materia que lean lo que dice. Acaba de organizar un Congreso en el Instituto Universitario General Gutierrez Mellado, relativo a las reglas de atribución de la responsabilidad en los crímenes internacionales, al que ha tenido la amabilidad de invitarme a participar. He aprendido mucho, y no solo de aquellos asistentes que yo sabía que debía prestar atención, como los profesores Cerezo Mir, Muñoz Conde, Héctor Olásolo, o la propia Alicia Gil o los magistrados del Tribunal Supremo Martín Canivell o Fernando Pignatelli. Han asistido otros penalistas españoles jóvenes, una nueva generación de profesores universitarios que impresionan por su conocimiento de la dogmática -el alemán es su lengua de trabajo profesional- pero que no se quedan ahí, sino que tratan de buscar la mejor aplicación de esa doctrina a la práctica del derecho penal. Jacobo Dopico, María Gutiérrez, la brillante Ana Garrocho, o el argentino Daniel Pastor son ejemplos de lo que digo. El resultado de ese grupo de talentos consagrados y emergentes ha sido un Congreso que irá seguido de un libro que va a ser muy citado por todos los estudiosos de esta nueva disciplina, el derecho penal internacional.
lunes, 3 de septiembre de 2012
SIN CAMBIOS EN LA FISCALÍA
Lo que más sorprende del cambio en la dirección de la FGE -operado hace ya varios meses- es que no se ha apreciado cambio alguno en el funcionamiento de la misma. Todo sigue igual. Pensemos que hubo un evidente enfrentamiento entre la mayoría del Consejo Fiscal y el anterior FGE por el funcionamiento de la Fiscalía. Pues cuando cambia la tortilla, todo sigue igual, como la historia de la marmota. Ni se han establecido normas de mayor transparencia en el Consejo Fiscal, ni ha habido instrucciones o circulares relevantes, ni ha habido cambios -salvo en la Secretaría Técnica- en los órganos de la Fiscalía, ni se han dado a conocer nuevos criterios para que los haya. El anterior Fiscal General del Estado podría estar todavía entre nosotros. Y no será porque no haya cosas que hacer: el sistema informático de la Fiscalía, para empezar, es malísimo (hasta dos veces he tenido que avisar a una Fiscal de Sala que los archivos de su Unidad supuestamente secretos, podían ser vistos por todo el mundo que tuviese acceso al sistema); muchos fiscales tienen que pelearse más con las estadísticas que con las Previas; el Consejo Fiscal, a pesar de las promesas de quienes ganaron hace ya más de dos años las elecciones continúa exactamente igual que antes, con el mismo secretismo, con la misma opacidad y con la misma ineficacia. Continúan en vigor algunas Instrucciones de nivel más bien bajito (recuerdo por ejemplo, la Instrucción 3/2011, de la que sus impulsores están encantados), concebidas en términos de acumular poder para la Fiscalía mucho más que para generar eficacia en la gestión de los asuntos. Las condiciones de trabajo de muchos fiscales son pésimas y desde luego los sistemas de reparto de asuntos en algunas de las más importantes Fiscalías no superarían una mínima revisión objetiva. No aparece ni una idea nueva que ayude a mejorar la situación de los Fiscales y funcionarios de la Fiscalía vapuleados por los recortes. La mejor idea se le ha ocurrido a un Fiscal de San Sebastián con la creación de un Foro de fiscales en Facebook. Lo demás, un desierto. Se que los tiempos son económicamente difíciles, pero también los son para los fiscales y vendría muy bien saber que hay alguna voluntad y energía para ayudar a modernizar la Fiscalía. Nada de la creación de un cuerpo de auxiliares del Fiscal, nada en pensar en reorganizar la Fiscalía vista la disminución de recursos que vamos a afrontar en los próximos años. Nada de abordar la cuestión de las competencias, a mi juicio excesivas de la Fiscalía, y nada de acabar con ciertos privilegios incomprensibles, por ejemplo, la situación de los miembros de la Secretaría Técnica cesantes. Ninguna alternativa al tapón profesional que supone el que a dedo se elijan Fiscales de Sala y que sin embargo mantengan la categoría cuando el que nombra por razones de confianza, cesa. Ninguna idea o instrucción de como aliviar el retraso en la Justicia penal, con alrededor de 1.200.000 asuntos penales pendientes a finales del año pasado. Nada de profundizar en la imparcialidad de la Fiscalía, o en la imparcialidad de los procesos selectivos o de promoción interna. ¿Es que nada de eso importa? ¿Es que vamos a tener que clamar sine die porque a alguien que pueda hacer algo, le importe un poco el estado de nuestra Justicia, de nuestra Fiscalía y decida actuar para arreglarla? Bastaría en algunos casos con copiar algunas cosas que hace el CGPJ, sin necesidad de pensar mucho más. Por ejemplo, ha habido recientemente una oposición restringida para magistrados especialistas de lo Penal, en la que los exámenes se corrigieron sin saber la identidad de quienes los hicieron, con la consecuencia de que ha habido importantes sorpresas en los resultados, incluso para el propio Tribunal calificador. Se trata simplemente de hacer algún esfuerzo para mejorar las cosas, cosa que yo no veo por ningún lado. La decepción que tengo es grande, porque creí que si, que ahora era tiempo de cambios, al menos en el terreno de las garantías de imparcialidad y objetividad.
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