jueves, 29 de octubre de 2020

STAMPA, FUERA DE ANTICORRUPCIÓN

Hay pesadillas recurrentes.  Cuando crees que todo ha sido un mal sueño, ahí la tienes otra vez.  Hace unos años, con el PP de su mayoría absoluta y la corrupción chorreando por las costuras del Estado -como ahora estamos viendo-, Torres Dulce que era vocal del Consejo Fiscal, fue elegido Fiscal General del Estado.  Se sentaba en el Consejo Fiscal con sus compañeros de candidatura, con los que tenía mayoría en el Consejo Fiscal.  ¡Que tiempos de vino y rosas para algunos! Vocales de la AF en el Consejo se presentaron a plazas y "se las daban"; los nombramientos eran escándalo tras escándalo; incluso echaron a un fiscal de la Carrera Fiscal sin base alguna, causándole un gravísimo perjuicio, aunque los Tribunales le dieron la razón un año después.  Ninguno -por favor, que cosas- le pidió perdón o se disculpó en modo alguno. 

Aquello pasó, aunque los modos siguieron ya con otro Fiscal General General que decidió elegir con el apoyo de la asociación conservadora a fiscales anticorrupción y fiscales de la Audiencia Nacional favoritos de investigados por corrupción (y luego encarcelados), pero parecía que la pesadilla ya era de otro tipo.

Y en estas, regresa el escenario de la pesadilla, pero agravado.  Una Vocal electa  del Consejo Fiscal por la UPF es elegida Fiscal General, tras haber encabezado el Ministerio del Justicia, ahora con el PSOE.   Y vuelve la pesadilla.   Nombramientos para miembros de la UPF de manera casi automática (las razones son lo de menos, en un caso porque es mujer, en otro porque es mayor, en otro porque se lo merece, y seguro que con esos criterios se pueden hacer infinitos aciertos. Así se elude la comparación con otros candidatos, algo ya tan acuñado en la historia de la arbitrariedad que no merece ni atención comentarlo); vocales de la UPF que piden plazas "y se las dan" concursando con otros (y a los otros, que les den), y también algo parecido -o peor- a una expulsión.    ¡Dias de vino y rosas otra vez!  Ni mérito ni capacidad.  Como ya lo hicieron otros antes, pues ahora les toca a ellos.   Alegría, otro pagará el déficit de decencia que se va dejando.

Si, porque lo ocurrido hace un par de días con el fiscal Ignacio Stampa es de una gravedad enorme, y si algo sorprende en este mundo es el silencio de los fiscales, grandes víctimas y cómplices de esta tragedia.  Ese fiscal llevaba uno de los asuntos de corrupción más graves que ha habido jamás en democracia, como es la utilización -al más alto nivel- de la Policía y otros resortes de defensa del Estado en prácticas de corrupción, extorsión, amenazas y robos.   Y comienza una campaña contra él de naturaleza salvaje que a mi incluso me hizo dudar.   ¿Será verdad todo lo que se dice de él, todo lo que se dice que ha hecho?  Pero su Jefe le mantiene y le ensalza.  Sus compañeros de la Fiscalía le respetan.   Las investigaciones contra él se archivan... Incluso unas Diligencias de Investigación penales abiertas en el TSJ de Madrid se envían a la Fiscalía General al parecer con una solicitud de archivo (dato este que no se lleva al Consejo Fiscal, de manera sorprendente).  Hasta el Teniente Fiscal del Tribunal Supremo, después de ofenderle gravemente en los medios de comunicación, se retracta días después y manda una carta pública pidiendo perdón al referido fiscal. Uno para ese momento ya no tiene dudas, aunque no conozco personalmente al fiscal.  La presunción de inocencia prevalece.   Si ha hecho algo malo que se pruebe.   Y si no, es inocente.  Además, es inocente en el contexto de una investigación en la que hay gente con muy poca inocencia.   Pero el CF no le apoya y determina su salida de la Fiscalía Anticorrupción, de una manera que a mi me parece más grave todavía que expulsarle de la Carrera porque es una desautorización profesional de repercusión nacional y sin motivar, sin defensa.   Su propia Asociación, la AF, lo abandona y luego da extrañas explicaciones sobre la imparcialidad o algo así.  La UPF ni siquiera se explica.   Se dejan arrastrar por el ruido y no respetan, como es su obligación, a un fiscal que -con aciertos o errores- se ha dejado el pellejo y además lo ha hecho sin levantar la voz.  Ni contra los que le insultan, ni contra su asociación que no le protege, ni contra la difamación, ni contra el Teniente Fiscal que le humilla en la radio.  Mantiene el silencio.

Muy fácil para la Fiscal General.  Si no tienes votos, no te propongo.  Salvo por el detalle de que en esa causa que llevaba el fiscal, la pareja de la Fiscal General defiende a tres de los más importantes implicados.  Salvo por el detalle de que existe una denuncia del abogado Baltasar Garzón por las filtraciones del caso, que incluyen las que afectan a la propia Fiscal General.  Dolores Delgado es indirectamente perjudicada en un caso en el que se pronuncia sobre la permanencia del fiscal que lo lleva, y lo remueve.   No se si otros también lo ven, pero para mi eso es causa de abstención (219.10 de la LOPJ).

Ahora me quiero dirigir a los fiscales.  Vosotros veis el rumbo que está tomando la Fiscalía.  Vosotros veis la capacidad de defender nuestros intereses que nos proporcionan unas asociaciones subordinadas y beneficiarias de los vaivenes de la política.   Pensad si no tenéis que dar un paso para defender vuestra profesión que es vuestra vocación y luchar por despolitizar la Fiscalía.   El silencio resignado hoy creo que es cómplice con lo que ocurre y lo que ocurre es desastroso para la Democracia, para la Justicia, para la Fiscalía y para vuestras propias carreras.   


3 comentarios:

  1. Cuánta verdad hay en su artículo. Ojalá sirviera para que a alguno le remueva la conciencia. La sociedad está podrida por la corrupción y los escándalos no parece que afecten a nadie. Ya se sabe " Lo peor es, que los buenos no hagan nada"

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  2. Ojalà todo esto cambie y la justicia sea libre e independiente, menuda vergüenza de país si se permiten estas cosas, por favor que los que puedan denunciar estos hechos los denuncien con todas sus consecuencias, caiga quien caiga

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  3. Creo que a algunos ya se les ha removido la conciencia, pero nel a tercera acepción del diccionario.

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