miércoles, 1 de junio de 2016

QUERÍAMOS TANTO A LUIS

Estoy leyendo el último libro de Ernesto Ekaizer sobre la investigación de la causa al extesorero del PP, Luis Bárcenas que lleva el mismo título que esta entrada.  Cada uno se escandaliza por lo que quiere y el libro ofrece un muestrario de conductas bochornosas, éticamente ajustadas a los tiempos políticos que vivimos. Pero a mi -ante la alarma de que realmente sea cierto- me produce una gran tristeza leer los impúdicos tratos entre el Gobierno y el Fiscal General: llamadas de Ministros al Fiscal General a media noche para pedir y obtener información confidencial; documentos llegados de Suiza por vía policial a la Fiscalía que afectan a cuentas corrientes de un dirigente del PP hoy encarcelado, entregados por el Fiscal General al Ministro de Justicia; diseño de estrategias políticas en función de la información que transmite el Fiscal General...  Si los hechos narrados no son ciertos supongo que alguien demandará a Ekaizer porque está atribuyendo delitos cometidos en las más altas instancias de la administración del Estado.   Pero ese libro, que se lee de un tirón, pone de manifiesto la necesidad de regular con transparencia las relaciones entre el Gobierno y la Fiscalía (como nos han pedido desde el Consejo de Europa), y sobre todo de castigar específicamente y con la mayor dureza las conductas de filtración de información del Fiscal General al Gobierno, incluyendo actos así como causa de cese inmediato en el cargo.   Y también la de crear mecanismos independientes en la Fiscalía capaces de investigar si fuera necesario al propio Fiscal General del Estado.