lunes, 6 de mayo de 2013

LA LLAMADA

Hace unos meses pedí una jefatura.   Ante el fracaso anunciado, un fiscal ya jubilado del Tribunal Supremo me dijo con afecto: "Hombre, Salvador, que en estas cosas hay que ir sobre seguro".   Yo, como es natural, ya lo sabía; pero es que a mi el sistema del "sobre seguro" no me gusta nada.  Lo que da más seguridad en estos temas, es recibir "la llamada".  Esa llamada que si no llega, determina a algunos a no solicitar la plaza que desearían y en la que podrían hacer una labor extraordinaria.   Yo creo que "la llamada" debería sobrar, y que en un sistema de selección de cargos mínimamente objetivo nadie debería esperar recibir esa llamada, porque la decisión se debería tomar a la vista de los méritos de todos aquellos que -sin llamada- solicitan la plaza.   La llamada es lógica cuando el nombramiento es discrecional: hay políticos que sufren ante el teléfono esperando esa llamada.  O también cuando se trata de destinos que nadie quiere.   Pero no se entiende mucho en un sistema que supuestamente premia el mérito y la capacidad en un libre concurso.   El caso es que tengo toda la simpatía por aquellos fiscales que sabiendo que se ha producido en favor de otros "la llamada", piden la plaza simplemente porque creen que su candidatura es sólida.   O porque se rebelan íntimamente contra el estado de cosas.  Porque otra cosa de las llamadas, es que -no se bien la razón- cuando se producen, todo el mundo sabe que se han producido y todo el mundo sabe cual va a ser el adjudicatario de la plaza.