miércoles, 22 de mayo de 2013

PASAN

El Consejo Fiscal es un órgano de jefes.  Hasta seis se cuentan ahora.   No está mal.  De doce, la mitad son jefes.   Desde ese punto de vista, el que un fiscal de a pie pida amparo a la Inspección y al Consejo Fiscal por un reparto de trabajo, o que denuncie a su jefe por actuaciones cercanas al mobbing, es algo que miran desde la distancia.   Me escribe una fiscal, amiga y compañera de asociación, diciéndome que en julio de 2011 recurrió el reparto de trabajo de su Fiscalía al habérsele impuesto un lote fuera de junta; que denunció al Fiscal Jefe en enero de 2012, solicitando el amparo de la Inspección Fiscal.  Que no se ha acusado recibo de ninguno de los escritos por la Inspección, ni se le ha dado ninguna información al respecto.  Que en junio de 2012, escribió a la Inspección pidiendo alguna información sobre la tramitación.  Nada.  La Fiscalía fue inspeccionada a finales del año pasado, y poco después se le dijo que se iban a llevar las quejas al Consejo Fiscal.  Recuerdo que en el Congreso de la APIF, este tema se trató directamente con el FGE, marzo de 2013.  El Fiscal General sabía del tema. Han habido varias reuniones del Consejo Fiscal, donde el tema se pospone y pospone.   Y ante esto, cabe preguntarse si estos compañeros del Consejo, al menos quienes elegimos nosotros, no piensan ya siquiera -al margen de centrarse en lo importante, claro, que es el reparto de cargos entre ellos o sus conmilitones de asociación- en términos de cortesía hacia quien tiene un problema profesional grave y lo articula con corrección, paciencia y disciplina.    Y si es admisible para la propia Fiscalía un maltrato como este hacia fiscales que exponen respetuosamente sus quejas.

5 comentarios:

Luis Poyatos dijo...

Se agradece la entrada Salva.

Alguien dijo, una vez, que esto de la justicia era un cachondeo, y se dice que la justicia lenta no es justicia. No se que calificativo le merecerá al personal el devenir de las denuncias interpuesta por la compañera, o las mía propias, parecidas a las suyas y correlativas en el tiempo, veintidós meses. Si se que a mi todo el devenir de las mismas, con episodios mucho mas lacerantes que los referidos, me ha venido causando una profunda tristeza, mucha decepción y, finalmente, una enorme indignación.
Conozco que el Consejo Fiscal asume tareas de mucha mas trascendencia que unas denuncias de Fiscales de a pie, aunque no entiendo como no han aprovechado alguna de las reformas que se han realizado al EMF, para blindar y aumentar los derechos de esa especie de élite de la Carrera Fiscal que últimamente se viene creando, mientras que a los Fiscales de a pie se nos carga de mas materias a informar, mas estadísticas e informes que hacer para alimentar las calderas de los Órganos superiores cuya existencia se ha de justificar, mas comparecencias absurdas, etc, y haber suprimido el art. 110 del ROMF, o el 22.5.a del EMF. Entiendo que la Inspección de la FGE, dada su escasez de medios personales y materiales no pueda atender con la celeridad esperada las denuncias interpuestas ante ella, de hecho en los siete años que llevo en esta mi tercera Fiscalía no han tenido oportunidad de girar visita a la misma. Pero lo que se me escapa es que en que en ninguno de ambos Órganos haya alguien, ya sea un Fiscal, ya un auxiliar de esos Órganos, que pueda emplear un mínimo tiempo en acusar recibo de los escritos que se les manda, de darnos una mínima noticia del estado de nuestras alegaciones, ya por cuestión de formalidad, compañerismo, o mera educación, y que hayamos tenido que tirar del comodín del compañero de promoción, o del conocido, tras reiterar las denuncias por correo certificado, para saber el estado de estas.
Sinceramente, a mi, a estas alturas, poco me importa ya lo que puedan resolver. El daño ya está hecho. A la compañera nadie le quita ya los mas de dieciocho meses de estrés que ha pasado, viendo como su jefe ignoraba y guardaba en un cajón cuantos informes le presentaba sobre la materia que le había asignado en el último reparto de trabajo, con tareas mas propias de un Teniente Fiscal o Fiscal Jefe que de alguien de escalafón medio, materia cuya coordinación se le había impuesto imperativamente y sin mas argumentos que el de “porque lo digo yo”, sustrayendo el estudio de dicha asignación del preceptivo pase para oír a la Junta de Fiscales, cuando no soportando hiciera todo lo contrario a lo que se le proponía o no le contara incidencias relevantes para ejercer las tarea asignada. Tampoco nadie le va a compensar las malas caras de algunos compañeros que no entendían cómo actuaba con tanto celo en el ejercicio de la ingrata labor imperativamente asignada, o el silencio de estos cuando se les reclamó un mínimo de solidaridad con la situación discriminatoria en que se encontraba frente a los demás fiscales a la hora de elección y asignación de tareas siguiendo el mismo criterio que se le aplicaba a todos los demás, con sólo una segunda excepción, la del que suscribe. Por mi parte, aparcado estoy desempeñando la, igualmente, impuesta tarea de hacer, aparte del papel procedente del Juzgado correspondiente, trascendentes informes de competencia o expedientes de dominio, o lo que de materia civil me pongan sobre la mesa, mientras en el cajón duermen el sueño de los justos, a la espera de tiempos y mandos mejores, todas aquellos cursos de especialidades en los que emplee interés y tiempo y el Estado dinero. No dudo que haya compañeros que puedan desempeñar estas tareas, mas, para acabar así, para este viaje, no hacia falta tanta alforja.
(sigue)

Luis Poyatos dijo...

Se agradece la entrada Salva.

Alguien dijo, una vez, que esto de la justicia era un cachondeo, y se dice que la justicia lenta no es justicia. No se que calificativo le merecerá al personal el devenir de las denuncias interpuesta por la compañera, o las mía propias, parecidas a las suyas y correlativas en el tiempo, veintidós meses. Si se que a mi todo el devenir de las mismas, con episodios mucho mas lacerantes que los referidos, me ha venido causando una profunda tristeza, mucha decepción y, finalmente, una enorme indignación.
Conozco que el Consejo Fiscal asume tareas de mucha mas trascendencia que unas denuncias de Fiscales de a pie, aunque no entiendo como no han aprovechado alguna de las reformas que se han realizado al EMF, para blindar y aumentar los derechos de esa especie de élite de la Carrera Fiscal que últimamente se viene creando, mientras que a los Fiscales de a pie se nos carga de mas materias a informar, mas estadísticas e informes que hacer para alimentar las calderas de los Órganos superiores cuya existencia se ha de justificar, mas comparecencias absurdas, etc, y haber suprimido el art. 110 del ROMF, o el 22.5.a del EMF. Entiendo que la Inspección de la FGE, dada su escasez de medios personales y materiales no pueda atender con la celeridad esperada las denuncias interpuestas ante ella, de hecho en los siete años que llevo en esta mi tercera Fiscalía no han tenido oportunidad de girar visita a la misma. Pero lo que se me escapa es que en que en ninguno de ambos Órganos haya alguien, ya sea un Fiscal, ya un auxiliar de esos Órganos, que pueda emplear un mínimo tiempo en acusar recibo de los escritos que se les manda, de darnos una mínima noticia del estado de nuestras alegaciones, ya por cuestión de formalidad, compañerismo, o mera educación, y que hayamos tenido que tirar del comodín del compañero de promoción, o del conocido, tras reiterar las denuncias por correo certificado, para saber el estado de estas.
Sinceramente, a mi, a estas alturas, poco me importa ya lo que puedan resolver. El daño ya está hecho. A la compañera nadie le quita ya los mas de dieciocho meses de estrés que ha pasado, viendo como su jefe ignoraba y guardaba en un cajón cuantos informes le presentaba sobre la materia que le había asignado en el último reparto de trabajo, con tareas mas propias de un Teniente Fiscal o Fiscal Jefe que de alguien de escalafón medio, materia cuya coordinación se le había impuesto imperativamente y sin mas argumentos que el de “porque lo digo yo”, sustrayendo el estudio de dicha asignación del preceptivo pase para oír a la Junta de Fiscales, cuando no soportando hiciera todo lo contrario a lo que se le proponía o no le contara incidencias relevantes para ejercer las tarea asignada. Tampoco nadie le va a compensar las malas caras de algunos compañeros que no entendían cómo actuaba con tanto celo en el ejercicio de la ingrata labor imperativamente asignada, o el silencio de estos cuando se les reclamó un mínimo de solidaridad con la situación discriminatoria en que se encontraba frente a los demás fiscales a la hora de elección y asignación de tareas siguiendo el mismo criterio que se le aplicaba a todos los demás, con sólo una segunda excepción, la del que suscribe. Por mi parte, aparcado estoy desempeñando la, igualmente, impuesta tarea de hacer, aparte del papel procedente del Juzgado correspondiente, trascendentes informes de competencia o expedientes de dominio, o lo que de materia civil me pongan sobre la mesa, mientras en el cajón duermen el sueño de los justos, a la espera de tiempos y mandos mejores, todas aquellos cursos de especialidades en los que emplee interés y tiempo y el Estado dinero. No dudo que haya compañeros que puedan desempeñar estas tareas, mas, para acabar así, para este viaje, no hacia falta tanta alforja.
(sigue)

Luis Poyatos dijo...

De todos modos, no todo ha sido negativo. Ya se que, contra lo que en algunos foros dicen compañeros del establishment o partidarios de la oficialidad, los cauces estatutarios para reclamar nuestros derechos como Fiscales, una vez nos hemos asegurado de tener lo mas pulcro posible, eso sí, nuestro asiento de obligaciones, no se nos vaya encima a abrir un expediente a nosotros, es una filfa. Espero que la próxima vez, cuando alguien obvie el trámite “doméstico” y se vaya directamente a la jurisdicción ordinaria, a reclamar sus derechos como funcionario, trabajador, o ciudadano, nadie se escandalice, se lleve las manos a la cabeza, o lo critique, al fin y al cabo es a lo que no están empujando.


Luis M. Poyatos (Fiscal de la 37ª Promoción)

Salvador Viada dijo...

Lo peor, con todo, es este desierto huérfano del mínimo compañerismo. No hay que dar ningunas gracias, Luis. Es lo normal entre compañeros de trabajo: si se ve que a alguien le putean, lo normal es enterarse de lo que pasa y hacer frente con el afectado. Eso es lo normal en todas partes, menos aquí. Para mi esta penosa situación es todo un síntoma del miedo que han conseguido inocular a lo largo de los años las terminales del PP y del PSOE en la Fiscalía. Y con miedo se hace mala Justicia.

Pilar dijo...

Y luego hay quien se pregunta por qué falta calidad y motivación...