martes, 23 de octubre de 2018

MONTSERRAT CABALLÉ

En casa de mis padres se escuchaba mucha ópera.  Mi padre era un buen cantante aficionado y crecimos escuchando discos de ópera, interpretadas por aquellos cantantes increíbles de aquellos años, Callas, Del Mónaco, Tebaldi, Corelli, Bergonzi...  En esos tiempos mis padres tenian unas localidades en el Liceo de Barcelona.  La estrella indiscutible del teatro era Montserrat Caballé.  No se puede describir la sensación que sentía el auditorio, su gente, al escucharle cantar mejor que en cualquier disco aquellas óperas en Barcelona.  Aquellos filados maravillosos, que llenaban el teatro de manera inverosimil; extensos, estables, entonadísimos... Y luego la explosion de locura, de cariño, de agradecimiento del teatro que sabía que la Caballé, como Pedro Lavirgen (ese grandísimo tenor que conseguía un efecto semejante en el teatro con sus tremendos agudos y su valentía en la interpretación), o el gran Plácido, o Firenza Cosotto, eran entre otros cantantes quienes mantenían el Liceo como una referencia mundial de la música lírica, rebajando muchas veces su caché.   He sentido mucho, con mucha tristeza la pérdida de Montserrat Caballé.   Se que hizo muchas otras cosas buenas por la música, por el Liceo cuando se incendió, por otros cantantes que triunfaron; pero en mi persona siempre quedan aquellos momentos inolvidables que tuve la suerte de vivir, sin darles la importancia que tenían.  Y por eso la recuerdo ahora.

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