miércoles, 23 de abril de 2014

SE VA A RECURRIR

Tras la votación de la Junta de Fiscales de Madrid parece claro que hay unos fiscales que no se van a aquietar sin más con la distribución de trabajo (y de sistema de trabajo) que con abrumadora minoría en la Junta pretende imponerles el Fiscal Jefe de Madrid.  El tema desde mi punto de vista es sintomático del estado de cosas en la Fiscalía.  Unos jefes que se eligen -en las Fiscalías más grandes e importantes- dentro del limitado círculo de fiscales pertenecientes a las asociaciones que se han repartido los cargos durante treinta años; unas asociaciones que apoyan a sus jefes electos cuando entran en conflicto individual o colectivo con los fiscales subordinados a estos; unos Fiscales Generales que gustosamente aceptan estas reglas puesto que al fin les dan un control seguro no solo en la gestión de la Fiscalía sino de cada uno de los asuntos de la misma, y que ya sean nombrados por PP o por PSOE encuentran apoyo en una asociación en la Fiscalía.  Y además, con nadie ajeno a esa estructura petrificada en la Fiscalía que esté en posición de cambiar las cosas.   El Libro Blanco -sobre el que hablaré en próximos días- expresa claramente esta situación: los males que se aprecian desde la Fiscalía no están en la Fiscalía sino que vienen de fuera, en exclusiva.   Creo que es un gran error de perspectiva, pero no puede ser de otra forma.   No van a reconocer quienes mandan desde hace 30 años en la Fiscalía que han llevado a institución a la situación en que nos encontramos.   No van a reconocer que esa influencia política contra la que se dice que se quiere luchar reclamando más autonomía, la han fomentado desde dentro de la Institución durante muchos años.  Y la solución a ello es -curiosamente- en el Libro Blanco, reforzar el principio de unidad y de jerarquía, en lugar de establecer garantías a los fiscales contra los excesos de la unidad y de la jerarquía.

Hay en Madrid un conflicto grande entre el Fiscal Jefe y los fiscales de la plantilla.  Ha de solucionarse este conflicto con diálogo y con flexibilidad del Fiscal Jefe.   Si no es así, si se pretende mandar en la Fiscalía como se mandaba en la década de los cincuenta del siglo pasado es que no se ha entendido nada.   Pero hay otro riesgo añadido: el utilizar este conflicto para que la asociaciones profesionales guerreen entre si.   Eso sería otro grave error.    Esto ha de solucionarse por la acción de los fiscales de Madrid, apoyados y respaldados por sus asociaciones profesionales.  Hay muchos asociados a la AF en Madrid que deben encontrar apoyo en la AF, en su asociación y en este asunto.    Y el Consejo Fiscal es el órgano de defensa de los fiscales, no de los Fiscales Jefes elegidos por las asociaciones presentes en el mismo.   Se espera mucho de este Consejo y no pueden empezar ahora a trabajar con sectarismo.    Muchos fiscales de Madrid han pedido al Consejo Fiscal la suspensión del acuerdo de distribución de trabajo (una abrumadora mayoría votó en contra de la misma en Junta)  y muchos otros en toda España miran con interés lo que va a pasar aquí.    Ojalá el Consejo Fiscal actúe con responsabilidad y conforme a los compromisos de cada fiscal electo.   Y ojalá el FGE sea sensible a este problema, ojalá se ponga en la piel de los fiscales en dificultades -que son los que luego le sacarán las castañas del fuego y le solucionarán los problemas que vayan apareciendo-,  a quienes se les colocan mandos sin preguntarles nada.  Y después de eso, ojalá empiece a gestionar la elaboración de un sistema de garantías profesionales en todos los ámbitos (promoción profesional, riesgos laborales, recursos contra la arbitrariedad, distribución de trabajo, introducción del diálogo como sistema de solución de conflictos) que haga recordable por los fiscales en términos positivos su paso por la Fiscalía General. Pero si no es así, si se opta por mantener el principio de autoridad, de unidad, de jerarquía contra todo sentido común, este asunto llegará a los Tribunales.  Quizá sea bueno que sea así, ya que en el tinglado que es hoy el sistema de garantías profesionales de los fiscales hay tan pocas cosas ciertas, tan pocos caminos y procedimientos marcados para ejercer derechos y defendernos de su vulneración que quizá haga falta la intervención de los jueces para marcarnos el camino.    Veremos que pasa.