sábado, 6 de diciembre de 2014

EL VALOR DE LOS PERITOS

En los años que trabajé en la Fiscalía Anticorrupción conocí a algunos de los mejores profesionales con los que he trabajado jamás.   Inspectores y subinspectores de Hacienda y de la Intervención del  Estado fueron siempre en aquellos ocho años de trabajo, leales, discretos, diligentes y esforzados, más allá del cumplimiento del deber, como dirían los americanos.   Algunos, la mayoría, siguen siendo amigos míos -algo que tengo que agradecerles- tras el paso de los años, porque uno de los aglutinantes más sólidos de mi sentido de la amistad es la admiración personal.   En estas causas complejas, de larga duración, a lo largo de los años cambian muchas cosas: jueces y fiscales cambian, cambian las competencias del conocimiento de los asuntos, hay desgloses, se limita el contenido de la investigación o del enjuiciamiento, o se amplia.... Pero al final, en el acto del Juicio, hay algo que no cambia: el perito y su informe.   Aunque esté jubilado, aunque haya cambiado de destino, aunque haya ascendido o aunque esté en el extranjero... Ese perito se plantará delante del Tribunal y defenderá su informe pericial.   El reciente informe pericial del Banco de España no es simplemente un parecer técnico de grandes expertos: es un hito fundamental alrededor del cual va a gravitar toda la actuación de la Fiscalía y de las partes procesales.  Ahora cambia el debate.    Esos peritos, cuyo nombre no conozco, cuentan con todo mi respeto, y evidencian además de lo que ocurrió en aquella entidad bancaria, hasta que punto unos funcionarios a los que se deja libertad y autonomía para trabajar tienen capacidad para distinguir lo que está bien de lo que no puede hacerse.