jueves, 24 de julio de 2008

¿DE QUE PASTA ESTÁN HECHOS?

Un tipo capaz de ordenar a un pelotón de ejecución que dispare contra un niño de 7 años, que está herido en el suelo, tras haber ejecutado a su padre; otro capaz de crucificar en la puerta de una casa a un civil que no le entrega dinero; otro capaz de incendiar una casa en la que ha metido dentro a 30 vecinos suyos de otra etnia diferente. ¿De qué pasta están hechos esos tipos, capaces de esas atrocidades y otras muchas quizá peores durante el curso de una guerra?. He leido hoy un artículo en El País, que me ha encantado. Se trata de una escritora croata, Slavenka Drakulic que defiende la normalidad en periodo de paz de esos criminales. Por lo que yo he visto, comparto lo que dice esa mujer. Muchas veces, cuando veo un grupo de gente normal, en un restaurante, en una reunión, me pregunto si alguno de ellos, alguno de nosotros, en el curso de una guerra podría hacer las cosas que he visto que se hacen en las guerras. Me pregunto si en esas situaciones podrían convertirse en monstruos. Porque los monstruos que yo he acusado, que he visto en el Tribunal Internacional eran gente normal en su país en tiempo de paz. La guerra, el peor fenómeno que puede ocurrir, ha hecho de ellos asesinos. Pero en la guerra también hay gente que resiste caer en el sumidero de la barbarie y conserva sus rasgos de humanidad. Por eso no disculpo al criminal. Porque no es obligatorio serlo, porque siempre hay una alternativa.

Una última reflexión: algunos de los peores criminales afirman luego que obedecían órdenes; les faltaba coraje, valor, para resistir el mal. No ignoraban cuando decidían sobre la vida de otros que lo que hacían era horrible, pero les faltaba el coraje para rebelarse y oponerse a ello. Fueron monstruos, entre otras cosas, por cobardía.

2 comentarios:

LUPO dijo...

Repaso lo último que Salva ha escrito sobre los crimenes en los Balcanes y lo último que hemos hablado sobre el futuro de la justicia en España y, no se si de propósito o por mera casualidad, veo que en parte de nuestros comentarios late el tema de la cobardia,o mas bien el de la falta de valor, un valor, además, que en la mayoría de las veces no supone un comportamiento heróico sino simplemente actuar de un modo normal. Nada obligaba a esas malas bestias que se hicieron famosas en Yugoslavia por sus brutalidades ha realizar lo que hicieron, no se jugaban su vida, no era "o te comportas así o acabamos con tu vida", simplemente se dejaron llevar por una boragine que convirtió en un gesto de valor actuar "normalmente", o, y esto es mas grave, simplemente vieron el modo de medrar y hacerse un nombre en la "nueva sociedad" que creaban. Y eran médicos o abogados o... gente normal, dispuesta a tirar por tierra su prestigio por no tener el valor de comportarse de un modo normal y rechazar las anormalidades que a su alrededor veían.
Puede que sea injusto estrapolar temas o mezclar churras y merinas pero tal vez esta sea la clave de muchas de las cosas que están pasando a nuestro alrededor y no comprendemos, en materias muy diversas, que hoy en día hay que tener mucho valor para actuar como un tipo normal... si es así, verdaderamente triste y gris futuro nos espera

Salvador Viada dijo...

Lupo, veo las cosas exactamente como tu las planteas. Naturalmenente las situaciones son completamente diferentes, lo que sucedía en la guerra y lo que ocurre en tiempo de paz. Pero mantener la integridad, actuar conforme a unas pautas acordes con la justicia, defender ciertos principios y actuar como personas honestas, requiere coraje en ambas situaciones. Mucho más en la guerra, claro; pero también en la vida corriente. Porque el dejarse llevar, el unirse a la corriente, el actuar acríticamente, el cerrar los ojos a la injusticia, cuando se tiene un oficio como el nuestro puede ser muy nocivo. Hace falta coraje, a veces, para decir que no se está de acuerdo, para decir que algunas cosas no se hacen, para decir que no. Y yo creo, Lupo, que a veces, cuando no se actúa conforme se debiera es precisamente por falta de ese mismo coraje del que hablamos. Yo al menos lo pienso así.