domingo, 8 de septiembre de 2013

NO A MADRID 2020

Me pregunto sobre las verdaderas razones por las cuales nos han dicho que no por tercera vez para organizar los Juegos Olímpicos en España.  En esta ocasión parecía que las ciudades con las que Madrid competía no tenían el peso de otras, y que por tanto el optimismo general tenía un fundamento.   Dejando de lado los ofensivos editoriales de alguna prensa sobre tongos, corrupciones en el COI y demás, creo que deberíamos pensar un poco en la imagen que estamos dando últimamente como país para encontrar quizá algunas claves. Hemos estado al borde del rescate financiero durante muchos meses; hoy la deuda pública es más alta que nunca; hay casos de corrupción tremendos que han afectado a los principales estamentos del Estado; con muchos millones de parados; con una generación que se marcha fuera de España para trabajar; con un proceso secesionista abierto; vigente y no resuelto el caso Bárcenas, del que se ha hecho eco toda la prensa mundial o con la operación Puerto, de la que no se ha conseguido saber la identidad de los numerosos pacientes-clientes del condenado por dopar a deportistas... Quizá nuestro país no esté hoy dando fuera la imagen que daba en el año 1992, y tal vez ahí estén las verdaderas razones.  No se si en el trance de tener que elegir, votaría yo por un país que ofreciera una imagen así, francamente, o me inclinaría por alguno que tuviera las cuentas más ordenadas, que ofreciera más estabilidad, en el que la corrupción no fuera un problema principal.   Me gustó ayer el Príncipe, mucho; pero algunos de nuestros políticos no dieron ningún nivel, y me pregunto qué asesor de imagen cobra por decirles a los afectados algo así como "ánimo, que das de maravilla en inglés".  La corrupción y el deterioro de la imagen de la política y de los políticos en nuestro país traen consecuencias, y puede que lo de ayer sea parte de eso.   Si, como yo creo, en la corrupción está gran parte del origen de nuestros males como país, pienso que nos hace falta menos unos Juegos (con todo lo que siento no poder verlos otra vez en mi país) que empezar a limpiar: organizar la Justicia de una vez para luchar contra esta lacra; menos palabras grandes (de esas que oiremos en unos días en la apertura del año judicial, como oímos el año pasado y el otro y el otro); y en cambio muchos cambios internos, tanto en la Fiscalía como en la Judicatura.   Cambios básicamente de actitud para con el poder político y económico, de asunción de responsabilidades judiciales y sobre todo fiscales; y tomar conciencia de que la primera línea de defensa de la sociedad contra los chorizos (un corrupto no es otra cosa que un estafador a la sociedad), está asignada a la Justicia.  Si se empezara a erradicar la corrupción a base de investigaciones -con todas las garantías, pero sin privilegios-, de artículos 27, de quejas al Consejo por interferencias en la independencia judicial, de acusaciones, de prisiones preventivas, de medidas cautelares y de condenas, no tardaría mucho en ir cambiando la imagen de nuestro país.  Es decir, tratando a todos los ciudadanos por igual, sin privilegios.   Pero este camino de la Justicia de "llevarse tan bien" con los políticos (obviamente debido a que son ellos quienes nombran a los que nos mandan o dirigen), me temo que es equivocado.   Al menos, yo lo veo así.

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