viernes, 25 de diciembre de 2009

MILAN LUKIC

He pasado unos días en la nieve, descansando mis pobres huesos de los acontecimientos de éste último mes.   Y ha caído en mis manos una entretenida novela de Reyes Monforte, que se llama La Rosa Escondida.  En ella se relatan, sin ninguna exageración ya que la autora se ha documentado muy bien, las atrocidades cometidas por quien es el peor criminal que yo he visto en mi vida, aunque en la novela se disimula su nombre.   Ese tipo, con su primo Sredoje, organizó un grupo paramiltar serbio en la localidad de Visegrad, al éste de Bosnia.  Se hacían llamar las "Aguilas Blancas".   Crucifixiones, empalamientos (incluso de niños), torturas de todo tipo como medio para asesinar, violaciones masivas de mujeres musulmanas, abusos sexuales que obligaban a hacer a prisioneros...  Todo ello ocurrió durante tres largos años en esa población.   Hubo gente que afirma que vió a ese individuo en Srebrenica, en 1995, pero no se pudo comprobar por la Fiscalía.   Finalmente, tras la guerra huyó a Argentina y años después allí fue detenido.   Ese monstruo fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal de La Haya, y todas las emociones que sentí cuando leía en Holanda sus fechorías han vuelto otra vez a mi cabeza.

El libro, además, menciona algo que yo no conocía: el terrible campo de exterminio organizado por los nazis croatas durante la Segunda Guerra mundial: Jasenovac considerado el campo más cruel de la historia, silenciado por Tito y después minimizado por el ultranacionalista croata Franco Tudman, que se libró de ser juzgado en La Haya por su temprano fallecimiento.

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