martes, 14 de junio de 2011

LA RENOVACIÓN DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Ante el descrédito del Tribunal Constitucional, incluso sentido por algunos de sus miembros que han llegado a hablar de "Tribunal secuestrado" (aunque si he de decir lo que siento, me hubiera gustado esa queja antes, bastante antes), me asombro de que los partidos persistan en su política de elegir para formar parte del mismo a quienes son inaceptables para los demás.  Con ello no generan otra cosa que más desprestigio y previsibilidad en las resoluciones.   En lugar de buscar candidatos aceptables para todos, se busca -y se fomentan así carreras profesionales muy politizadas- un perfil de absoluta identidad con las propias siglas.   Solo concibiendo al Tribunal Constitucional como el último paso en el proceso legislativo (especialmente para convalidar las leyes que gustan o para cargarse las que no gustan) y como instrumento de regulación de la política autonómica puede entenderse esa actitud de los grandes partidos.   A costa, claro está, de su credibilidad y prestigio como órgano de Justicia.