jueves, 9 de junio de 2011

REFORMAS DE JUECES, REFORMAS DE FISCALES

Entre los grandes problemas que padece nuestra Justicia (y que cada día que pasa creo que tienen menos solución), está ese sistemático vicio de analizar la legislación procesal penal en clave de poder.  Poder para los jueces o poder para los fiscales.  No en clave de eficacia, de garantías para el justiciable o de sentido común.  Al operar de esta manera, cualquier modificación procesal que pudiera resultar de utilidad, se convierte en escenario de tensiones.  La necesidad de cambiar el proceso actual viene determinada, en mi opinión, por el fracaso histórico del sistema del Juez instructor, que se evidencia por el retraso mantodóntico en el despacho de causas penales y en la falta de garantías que conlleva el sistema, lo que determina muchas veces la aparición de abusos.  No tiene que ver con una cuestión de poder para unos o para otros.  Yo creo que los jueces en Inglaterra son más poderosos (y más prestigiosos) que los de aquí y no creo que los de aquí sean más poderosos que los jueces italianos o los alemanes.  Pero en España, sin rigor alguno, la medida del poder la dan las competencias atribuidas.  Ayudaría a solucionar la cuestión el que hubiera autoridades académicas de referencia, que pudieran aportar "su autoridad".  Pero tampoco esos abundan.   Y por tanto, el gato al agua para el que más fuerza tenga.