martes, 25 de mayo de 2010

O LOS MIOS, O NADA

Sugiero observar con detenimiento el proceso de nombramiento de los magistrados del Tribunal Constitucional, que parece que se ha puesto nuevamente en marcha.   Desde hace dos años, el PSOE ha considerado inasumibles (por excesivamente próximos al otro partido) los dos candidatos que proponía el PP.  Tan solo cuando se ha visto que o se aceptan esos nombres o no habrá renovación, es cuando se vuelve a hablar.  Ciertamente, el Tribunal Constitucional no puede estar en situación provisional eternamente, presionado desde varios frentes e impotente para pronunciarse sobre el Estatut.  Pero el riesgo de nombrar a juristas completamente afines es claro: los vencidos en los procesos pueden no creer en su imparcialidad.   La cuestión es menos grave cuando los elegidos son juristas de gran prestigio, porque además de serlo, tienen un prestigio que perder.  En fin.   Debo decir que, con todos sus defectos, me gusta más el modo de elegir a los magistrados del Tribunal Supremo.