miércoles, 16 de septiembre de 2009

¡REMÁTELO USTED, CORONEL!

En julio de 1995, más de 1000 hombres musulmanes sedientos, exhaustos y aterrorizados, esperaban su destino hacinados en la escuela de una pequeña población, Orahovac, al norte de Srebrenica.   Habían tratado de huir de su ciudad, tras la ocupación de la misma por el general serbio bosnio, Mladic.   Un camión transportaba pequeños grupos de prisioneros desde la escuela hasta un descampado próximo a una via de ferrocarril.   Allí, un pelotón supervisado por un coronel serbio los iba ejecutando.   En uno de los viajes del camión llegó con los demás condenados un hombre jóven con su hijo de siete años; ambos fueron alineados con los demás pero solo el padre cayó.  Los soldados -asesinos que ese día mataron a la totalidad de los fugitivos- no dispararon al niño.   Éste quedó herido por una bala rebotada, junto a su padre.  El coronel ordenó que se rematara al muchacho.   Un soldado replicó "¡remátelo usted!".  Unos segundos terribles: el coronel sacó su pistola, pero no se atrevió.   Ordenó que se llevaran al niño de vuelta a la escuela, "para ejecutarlo mañana".  Por un azar increíble, el niño acabó en un hopital, desde donde fué llevado a la Cruz Roja y sobrevivió (ahora tiene 21 años), aunque en modo similar en esos días más de 7000 hombres fueron asesinados por Mladic y sus hombres.   Fué luego testigo en el juicio contra los coroneles y generales que acaban de ser juzgados en La Haya.   

Ayer me llamaron mis antiguos compañeros de la Fiscalía: estaban celebrando una fiesta tras el final del juicio.  Un grupo excepcional de fiscales, bajo la dirección de Peter McCloskey, un fiscal americano tan exigente con los demás como consigo mismo.   Muchas veces me acuerdo de ellos. 

La sentencia se conocerá en enero.