miércoles, 22 de enero de 2014

UNA FISCAL DE MADRID

Hace unos días me llegó el mensaje por email de una compañera a la que no conocía -ni conozco-.  Me decía que no podía imaginar el deterioro en que desde hace un tiempo se ha convertido el trabajo de la Fiscalía.   Yo, que puedo imaginar mucho, me puse telefónicamente en contacto con ella y tras explicarme la situación, incompatible a mi juicio con una normativa mínimamente aceptable sobre riesgos laborales (que nadie en la jerarquía ni en las asociaciones mayoritarias ha planteado hasta ahora), le animé a escribir una carta explicando como veía ella la situación.   Transcibo el texto y me pregunto si realmente se puede seguir así, de verdad y en positivo.  Esto son los hechos de muchos fiscales todos los días, y yo creo que algo hay que decir, y que cambiar.


HISTORIAS DE UNA FISCAL DE MADRID

La vorágine en la que nos hallamos deviene del órdago de servicios casi sin solución de continuidad que se nos insertan no solo en un cuadro de servicios sino en varios que de forma algo similar al sudoku, necesitan ser encajados por los propios fiscales gracias a la ayuda y benevolencia de otros fiscal (que no siempre pueden) y no por quien ha de organizarlos. A ello se une la dispersión de sedes en los que ha de servir esos servicios, con constante pérdidas de tiempo, concentración y rendimiento físico e intelectual a lo que se une la esquizofrenia resultante de compatibilizar materias tan distintas como juicios penales y juicios de sala,  guardias de juicios rápidospor cierto elegidos por el policía que realiza el atestado- guardias de 24 horas , guardias de faltas inmediatas (elegidas por el  policía que confecciona el atestado) y las guardias de hasta 40 detenidos, donde es las diez de la mañana (momento en que se consiguen turnar en los juzgados los atestados aportados por la policía entre los dos juzgados de detenidos), cuando por fin los obtenemos, repito  a las 10 de la mañana (estamos esperando desde las nueve) los atestados y detenidos que nos corresponden. Y  la cuestión que se plantea es cómo se pueden estudiar asuntos en los que se vela por legalizar la situación personal de un privado de libertad, si sobre las 12 de la mañana hay que bajar a calabozos con todo leído y trillado: Es así,  y con presiones del juzgado  como se leen con  premura, para finalmente  bajar en un” totum revolutum” rápidamente con 30, 35, o 40 detenidos y atestados de órdago, como desarticulación de  clanes de las cañada por narcotráfico, mas atracadores con disfraz a mano armada en joyerías, más boleros a los  que hay que visitarles a las diez de la noche en el hospital y ( todo sin comer, bueno una mísero sándwich de máquina a las 5 de la tarde, que agradezco de corazón).

Bien  para finalmente terminar destrozados y volver al día siguiente ¿frescos como lechugas?, a ¿dónde?, puede ser de nuevo a….  (Los juzgados de Plaza Castilla: faltas, declaraciones, exploraciones de menores), Juicios de Audiencia Provincia ( en c/Santiago de Compostela), Juicios de lo Penal….. (en c/ Santiago de Camarillo, lunes, martes y miércoles)o bien  en la misma sede de Camarillo  para otro servicio  donde se cubre el llamado “servicio de permanencia”, durante ocho horas,  amén de las declaraciones en nuestro juzgado, y juicios de faltas muchas veces con señalamientos extemporáneos sin haberse citado con antelación al fiscal ( no como al letrado), pues existe la idea de que siempre hay uno, y no entienden que  no tenemos el don de la ubicuidad, ni somos sus asesores a su disposición permanente. A todo ello, se une que la otra posibilidad del día siguiente sea acudir a la   correspondiente especialidad que puede ser totalmente ajena al Derecho penal con sus correspondientes vistas y por tanto señalamientos y el despacho de papel,  por supuesto en otra sede judicial y al otro extremo de Madrid. Ello supone una mente un tanto esquizoafectiva a la hora de concentrar y abarcar todo lo que se supone que ha de ser ejercicio de una justicia eficaz eficiente, con el suficiente estudio, dada la responsabilidad inherente  al servicio al que estamos llamados, donde el justiciable no es un mero papel o número más, aunque al final parece que nuestra función se reduce a meros tramitadores de papel donde el numero y/o estadística predominan en nuestro riguroso quehacer. En este sentido a todo lo anterior se une que es precisa la llevanza estadística de todos los juicios rápidos, abreviados, y de audiencia, declaraciones ante el juzgado, comparecencias de prisión, recursos, contestaciones de recurso, por supuesto escritos de acusación, juicios de faltas ,recursos y ejecutorias, internamientos, expedientes de expulsión, y las estadísticas de la especialidad correspondiente todo ello sin solución de continuidad, con el retraso y desconcentración que acarrea la mera contabilización de tan ingente tarea. A lo que debe añadirse que en el despacho sede, de los tantos a los que hay que acudir, con sus distintos ordenadores, y sillas…..se hallan esperando asuntos en el casillero para su despacho con una paciencia honorable y digna, y que requieren que la mente y el cuerpo de quien los ha de resolver se hallen en las más óptimas condiciones de serenidad, lucidez, concentración para poder despacharlos con la dignidad que merecen, con seriedad, conocimiento de la materia, rapidez y eficiencia, que es lo mínimo que se pide en un servicio público que lleva inherente esta responsabilidad.

La consecuencia, es que cualquier día aterrizas de juicios de Sala, con una violación de rumana ausente  con prueba preconstituida en  videoconferencia, y sin casi testigos directos, peleando como una jabata, más otros tantos  juicios de narcotráfico, y te apresuras a llegar al despacho, donde como Penélope, está esperando el casillero hasta arriba,(ojo son asuntos que también precisan nuestro estudio y resolución, pero ahí duermen esperando que salgamos corriendo de los servicios para poderlos meter mano), pues bien esperando por fin acometerlos nos encontramos en nuestra maravillosa mesa (gracias que la tenemos todavía) y  nos  encontramos, dos presos urgentes, una expulsiones, urgentes claro,  y hasta tres juicios rápidos de hace dos años que durmieron el sueño de los justos en el juzgado, pero hete aquí que los imputados en sede de diligencias previas  “reconocieron “ los hechos, así que dos años después se reconvierten en “rápidos” y se señalan ¿cuándo? para mañana…..en la guardia de rápidos normal, a la que va otro compañero y junto al resto de atestados que esa mañana se incluyan en la guardia normal. Y al día siguiente, servicios claro ¿pero dónde? Allí no claro, en otro extremo de Madrid,,…Así que a despacharlos lo más rápido que se pueda, sin familia, sin hijos, sin vida propia…Por supuesto el stress es tan solo un trastorno que nada tiene que ver con el sistema, es una mera anomalía.

El descanso para los justos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen post sobre el trabajo de campo de una fiscal de Madrid. En breve les enviare, si les parece oportuno, un post de un abogado de oficio en Madrid

Pilar Álvarez Menéndez dijo...

Pues mucho ánimo a esa compañero, ella y muchos como ella dignifican la figura del fiscal con su intento de sobrevivir al caos. Quizás nunca llegue a Fiscal de Sala ni a ningún puesto parecido y se habrá dejado la piel tratando de hacer su trabajo lo mejor posible. Ojalá algún día se llegue a un racional reparto de los recursos.

Anónimo dijo...

Querida compañera, gracias por abordar un tema tan importante y grave. Eso es la Fiscalia de Madrid, pero a nadie le importa. Por el contrario, los que tienen capacidad de decision, aun se permiten decir -desde el blindaje de un cargo que les garantiza un trabajo comodo y singularmente bien retribuido hasta los 75 años- que los fiscales tienen que trabajar mas y quejarse menos. Supongo que en las fiscalias donde se han ofrecido voluntarios para sustituir el panorama no es tan desolador. No podemos seguir asi. Ojala tu mensaje llegara a la ciudadania, por el bien de todos