domingo, 14 de junio de 2009

JESÚS SILVA PORTO

Se murió ayer. Fue mi fiscal jefe en Madrid durante algunos años, y aunque fue un jefe entrañable, más compañero veterano que superior, yo no empecé a tratarle sino despues de su jubilación. Entonces empezó a trabajar de abogado y de vez en cuando nos veíamos y nos conocimos mejor. Se quejaba del mal estado de la Justicia en España, de lo poco que se cuidaba a los fiscales jóvenes por parte de sus jefes y compañeros más experimentados. Siempre afectuoso, no escondía su adscripción monárquica. Cuando me aceptaron en Holanda quiso despedirse de mi y fuimos a comer a un restaurante. Hablamos con calma de muchas cosas, de su vida profesional, de su hija La O, fiscal también de Madrid, que sufrió alguna desagradable persecución, y de nuestra idea común del compañerismo. No le vi más, hasta que hace unos pocos días me topé con su hija que me dijo que estaba muy mal.

Lo siento mucho, la verdad. Se está marchando una generación de fiscales muy importante, la de la transición a la democracia.

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