viernes, 16 de mayo de 2008

LOS FISCALES Y EL MIEDO

De todos los males que se ciernen sobre los fiscales para perturbar su labor, creo que el miedo es aquel del que más partido se saca para restringir la independencia de criterio. Vaya por delante que yo creo que con miedo no se puede ser un buen fiscal. Un buen fiscal para mi es aquel que por supuesto conoce el derecho, es buen compañero, tiene sentido común, despacha a tiempo los papeles y actúa con independencia en todo momento, y singularmente en los juicios. Pero desde hace algunos años las reformas legales realizadas para organizar la Fiscalía atribuyen poderes cada vez mayores al Fiscal General del Estado y al Gobierno sobre las carreras profesionales de los fiscales, de tal manera que -especialmente cuando se van acumulando los trienios- el peso de esos poderes se hace notar en la actuación de algunos. O en otras palabras, se han creado las condiciones para aprovecharse de nuestro miedo. Por miedo se espera a veces que no se discrepe en las Juntas; o no se alce la voz contra la ruptura de las reglas internas de funcionamiento; o que no se rechazan las órdenes arbitrarias de los jefes; o que no se apoye a compañeros que son injustamente tratados. Pero si se acepta lo anterior, creo que pensando un poco sobre ello se ve que en realidad no hay razones objetivas para temer. ¿Miedo a que? Yo creo que si se piensa bien, mucho no pueden hacernos. Pueden nombrar a otro para un puesto, incluso para el puesto que más podemos querer. Eso es grave cuando encima hay arbitrariedad. Pero los nombramientos no son cosas de todos los días. Pueden hacernos un poco la puñeta en las fiscalías, pero vaya, es muy difícil en ocasiones empeorar la situación de los fiscales. Nos pueden jorobar un poco con la productividad, pero la arbitrariedad tampoco puede ser completa (el jefe también puede tener miedo). Más no pueden hacer. Pueden jugar con nuestra ambición y con el miedo a perder, pero hasta ahí. Somos personas de leyes, y en las leyes encontramos nuestra protección. Yo me he propuesto hace mucho tiempo que el miedo al castigo, el miedo al qué dirán, el miedo a quedarme solo en mis ideas, o el miedo a parecer que no se nada, no me impida hacer y decir lo que creo justo en las ocasiones en que estoy seguro. Claro, no se trata de ser siempre un kamikaze. Pero que la libertad no la quite el miedo. Y creo que individual y colectivamente no nos pueden hacer nada peor que obligarnos como fiscales a hacer (o decir o callar) lo que no debemos.

4 comentarios:

Silvia dijo...

¿Miedo?, yo creo que abunda más el hartazgo , la desilusión , la desmotivación, el agotamiento... quizá miedo cuando en los telediarios piden una cabeza... la alarma social puede acabar con la Carrera de cualquiera , o al menos con su prestigio profesional , salvo que tengas el apoyo de la asociación de turno, o quizá ni así .
Y quizá, algunos, miedo a no ser renovados en determinados cargos , a no lograr aquello a los que aspiran , pero ese realmente es el problema de unos pocos , si realmente valen para esos cargos no debieran tener miedo a ser renovados o no , la dignidad ante todo.
Y miedo no , pena de todo esto , del inmovilismo de muchos, de la falta de solidaridad, de la irresponsabilidad individual que se respira día a día , del caciquismo, de las envidias, de la mentira laboral ...
Pero ya sé Salva que con mucho, mucho tiempo , esto cambiará. Quizá y ojalá, pero dificil lo veo , desde mi perpectiva las cosas han ido empeorando paulatinametne a lo largo de los años. Las nuevas generaciones de Fiscales , ya conocen otro tipo de Fiscal, otros Jefes - recordemos las depuraciones - es otro estilo el que respiran y en el que se están forjando; hay excepciones como en todo y con ellas contamos , seamos optimistas.

Salvador Viada dijo...

Bueno, pues poco a poco. Si no hay miedo, mejor. Pero yo veo muchos fiscales largando en bares, pasillos y a la salida de las juntas (a veces, yo entre ellos), pero dejando con su silencio en los sitios oficiales que parezca que estan conformes. Quizá es algo que se siente más cuando te haces más viejo, cosa que no es tu caso, por cierto. Pero en todo caso hay que reflexionar sobre las nuevas generaciones de fiscales. Dices que han conocido otro tipo de Fiscal, y es cierto. Pero deben saber que hay otra manera de ser Fiscal. Una manera critica, inconformista y honrada. Una manera de ser fiscal que no distingue entre quienes son los justiciables, y que busca que todos sean tratados igual. Luego, que elijan qué estilo asumen para su vida profesional. Pero deben saber que hay otras maneras de hacerlo. Seamos optimistas.

Silvia dijo...

Ya , identificas el silencio con el miedo a oficializar las minijuntas de café. ¿Eso es miedo real o cómodo silencio?
Vaya ahí mi reflexión matutina. Hay dos tipos de silencio. Uno ,el silencio, quizá miedo, digamos, justificado , porque realmente crees que te pueden hacer algo , disciplinariamente hablando, o mucho peor, por la vía de hecho. Dos, el silencio egoísta, que se instaura en aquellos que no actúan o lo hacen de determinada manera por "miedo" a perder su cómodo status - léase ser el ojito derecho del jefe , tener una serie de prebendas difícilmente renunciables, o el simple riesgo a tener que trabajar.., sí como suena .
Desde luego , los segundos tienen un serio problema , pero no es sólo de ellos, nos perjudican a todos y mucho. Es el cómodo silencio, que más abunda y el más dañino: es el miedo a apoyar al compañero que se enfrenta a determinadas situaciones , el miedo a discrepar de las órdenes, creo en definitiva que es el miedo a pensar por si mismos... Este tipo de miedo abunda en los que acumulan trienios , e incluso en las nuevas generaciones que se arriman a ellos en busca de cobijo escalafonal.
Los que padecen miedos "justificados" , creo que merece la pena que reflexionen sobre lo siguiente : si , quizá , el terrorismo laboral en el que se sienten inmersos ha sido instaurado por gente de dudosa o poca valía profesional. Creo que suele ser el caso. ¿Que es duro enfrentarse con el sistema ? sí desde luego y mucho , pero a la larga tiene importantes satisfacciones personales . ¿Que te ves condenado al ostracismo ? sí , pero realmente desde que no eres como ellos, ya lo estás, otra cosa es que no lo quieras ver, o que no te lo hagan ver de manera ostensible. En todo caso creo que a la larga más duro es convivir con ese sistema de terror, sin plantarle cara ; o lo que es peor, dejarse fagocitar por él y formar parte del mismo. Este tipo de miedo se come a las nuevas generaciones de Fiscales y hastía a los que todavía somos jóvenes pero fogositos y no optamos en su momento por el cómodo silencio.
Sé, que no estoy en un día optimista.

Salvador Viada dijo...

Por el contrario, Silvia, creo que ese es el pensamiento adecuado para superar temores y adecuar el comportamiento a lo que se espera de un Fiscal (que ha de ser un jurista capaz de pensar por si mismo). Yo creo que para superar este monstruo que "se come a las nuevas generaciones de Fiscales" hace falta plantarle cara. Que es de lo que se trata.